Viernes 15 de Marzo de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del Libro del profeta Ezequiel: 18, 21-28.

Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 20-26.

Santoral: Santa Luisa de Marillac, religiosa fundadora.

“Ve primero a reconciliarte con tu hermano”. Mateo 5:20-26.

Hoy he leído una carta que escribió San Juan XXIII a sus padres al cumplir 50 años de vida. Resalto alunas frases de ella:

“La mejor manera de vivir, la aprendí de ustedes, confiar en el Señor, conservar la paz del corazón, obra con paciencia y hacer el bien a todos y nunca el mal. Desde que salí de cas a los diez años he estudiado y leído muchas cosas que ustedes no podrían haberme enseñado. Pero lo que aprendí de ustedes en casa es ahora lo más precioso e importante que sostiene y da vida y calor a las demás cosas aprendidas después de tantos y tantos años. Conservar la paz en el corazón y nunca hacer el al, perdonar a quienes nos lastimen, son actitudes que bastarían para hacer cambiar el mundo.

Yo reconozco y proclamo que mis padres me enseñaron más que los miles de libros que después he leído. Que lo más hondo de mi alma brota de ese hogar y, sobre todo que lo que hoy sostiene y me da a fuerzas ese hacer lo que me dieron en casa. Las verdades decisivas, las raíces permanentes, lo que hace que hoy pueda mirar la vida con serenidad y alegría.

¿A quién lo debo sino a mi padre y a mi madre?”.

Si hay algún momento por levantar en nuestro mundo es el que cada quien debe erigir en memoria de sus padres.

El Señor no aceptará nuestra oración y sacrificios que le ofrezcamos, sin antes no somos capaces de perdonar, pedir perdón y reconciliarnos con todos. Al Señor no le gustan las ofrendas sucias.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 129: “Perdónanos, señor, y viviremos”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 9 al 16 de Marzo:

Hermanos, como Abraham nuestro padre en la fe, también nosotros hemos sido llamados a obedecer a Dios. Con toda nuestra fe, invoquémoslo diciendo:

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que todos tus hijos, contemplando a Cristo Resucitado como el término de su camino, sepa creer firmemente en cualquier situación de su vida, que Dios es su Padre.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que tus hijos sometidos a duras pruebas en su cuerpo o en su espíritu, no desesperen de tu providencia.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que especialmente en este tiempo de Cuaresma, una experiencia prolongada de oración, transforme nuestra vida.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que tus hijos enfermos, auxiliados por tu Espíritu les ayude a hacer de su sufrimiento una ofrenda agradable al Señor.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que no rechazas al que te implora, oye el grito de nuestra oración y danos lo mejor: tu amor y tu fidelidad.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Te damos gracias, Señor, pues por tu Hijo Jesús, has hecho que nazca el sol sobre todos los hombres; y a su luz se han levantado los pecadores y a su calor se han reconciliado los hombres inmovilizados por la dureza de su corazón.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, hemos sido rebeldes, te hemos dado la espalda, pero tú eres Dios de misericordia. Danos tu perdón y cambia nuestros corazones.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Se pueden agregar otras peticiones.

Padre, invocamos tu presencia en medio de nosotros; no tengas en cuenta nuestros pecados sino la caridad de tu Hijo, y danos todas las cosas buenas por sus méritos. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.