Sábado 16 de Marzo de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del Libro del Deuteronomio: 26, 16-19.

Del santo Evangelio según san Mateo: 5, 43-48.

Santoral: San Heriberto de Colonia, Obispo.

“Amar a vuestros enemigos”.

Mateo 5:43-48.

Existe una costumbre de quemar al “Judas” durante la Semana Santa, aunque es cierto, que algunas tradiciones como ésta van pasando. ¿No será que en el fondo, sintiendo que la conciencia también debe aceptar que Jesús murió por nuestros pecados, tratamos de cargar el sufrimiento y la Pasión del Señor sobre el chivo expiatorio de Judas, esquivando así y tratando de callar su voz?.

Se han escrito novelas y ensayos; se han hecho obras teatrales, porque la historia de Judas es como la tragedia que no puede hacerse desaparecer y de la que solo hemos hecho caso y nos damos cuenta de los desenlaces de todas estas obras.

Sabemos que vendió a su Maestro y que se ahorcó después… pero quizá nunca hemos pensado de que si Judas antes de ahorcarse tuvo un acto de arrepentimiento y le dolió mucho el corazón el haber realizado lo que hizo, pensando quizá que Jesús sabría escapar de sus manos una vez que lo había entregado.

El Señor sabía perdonar y perdonó a aquel que lo negó. Pedro, por el acto de amor y de contrición que vivió después de su pecado. Él enseñó que cuando se perdona hay que hacerlo hasta setenta veces siete, es decir, siempre.

Queda la esperanza y, ojalá que haya sido así, que Judas se hubiera dolido de lo que había hecho, de la misma manera que supo devolver las monedas a sus compradores.

Solo hay un pecado que nunca se perdona: pensar que Dios no es capaz de perdonar.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 118: “Dichoso el que cumple la voluntad de Dios”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 9 al 16 de Marzo:

Hermanos, como Abraham nuestro padre en la fe, también nosotros hemos sido llamados a obedecer a Dios. Con toda nuestra fe, invoquémoslo diciendo:

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que todos tus hijos, contemplando a Cristo Resucitado como el término de su camino, sepa creer firmemente en cualquier situación de su vida, que Dios es su Padre.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que tus hijos sometidos a duras pruebas en su cuerpo o en su espíritu, no desesperen de tu providencia.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que especialmente en este tiempo de Cuaresma, una experiencia prolongada de oración, transforme nuestra vida.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que tus hijos enfermos, auxiliados por tu Espíritu les ayude a hacer de su sufrimiento una ofrenda agradable al Señor.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que no rechazas al que te implora, oye el grito de nuestra oración y danos lo mejor: tu amor y tu fidelidad.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Te damos gracias, Señor, pues por tu Hijo Jesús, has hecho que nazca el sol sobre todos los hombres; y a su luz se han levantado los pecadores y a su calor se han reconciliado los hombres inmovilizados por la dureza de su corazón.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, hemos sido rebeldes, te hemos dado la espalda, pero tú eres Dios de misericordia. Danos tu perdón y cambia nuestros corazones.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Se pueden agregar otras peticiones.

Padre, invocamos tu presencia en medio de nosotros; no tengas en cuenta nuestros pecados sino la caridad de tu Hijo, y danos todas las cosas buenas por sus méritos. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.