“Y en esto entro Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a ustedes. Y diciendo esto, les enseño las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. Juan 20-19
¿Para que esforzarse? No hay trabajo! Todo me sale mal! La alegría no es cosa fácil.
La alegría nace de la paz interior, de una conciencia tranquila, del deber cumplido, de un amor verdadero, de una confianza en Dios.
La persona amargada, triste, desesperanzada de la vida jamas dará testimonio de alegría.
La persona alegre, da testimonio de Cristo, vivo, glorioso, resucitado. La persona alegre tiene su corazón abierto a la generosidad, a darse a los demás, a aliviar la vida de los semejantes, sobre todo si son débiles y están enfermos. La persona alegre no tiene miedo a las contrariedades, y contratiempos de la vida.
Un doctor de la ley contemplaba el espectáculo de la plaza del mercado. Era un hormiguero de gente. De buenas a primeras se presento allí el Profeta Elias. El aprovecho la ocasión para decirle al profeta: “Disipa mi ignorancia, ¿entrara alguno de estos comerciantes en el futuro reino de Dios?“.
-”Ninguno, ni uno siquiera”, respondió el profeta sacudiendo ligeramente la cabeza.
En esos preciosos momentos llegaban a la plaza dos señores. Se pusieron hacer juegos de destreza, a decir chistes y hacer payasadas, para atraer a la gente. Enseguida se vieron rodeados de grandes y pequeños que se divertían y aplaudían entre grandes risotadas.
El profeta Elias exclamo: “Estos si que entraran en el futuro reino de Dios”.
El doctor de la ley fue hablar a los dos payasos: “¿Que es lo que venden?”, les pregunto. Respondieron: “Aunque también nuestro corazón esta triste queremos vender a todos la alegría de vivir“.
Del Salmo 26: Espero ver la bondad del Señor.
Textos Bíblicos: Sabiduría 3:1-9; 1 Juan 3: 14-16; Mateo 25: 31-46; 5 minutos de oración en el hogar

