“Le dijeron a Jesús los fariseos: Oye, ¿Porque hacen en sábado lo que no esta permitido?”. Marcos 2:23

En la ley original de los Israelitas estaba mandado:

“El día séptimo, es día de descanso (sábado) para Yahve, tu Dios, no harás ningún trabajo…” (Ex.20:10-11).

Era un día dedicado a recordar los acontecimientos salvadores de Dios en favor de su pueblo Israel, agradecerle a Dios que los haya liberado de la esclavitud! pero muy pronto los escribas se encargan de sacar de este sencillo mandamiento, una construcción monstruosa de supuestos “mandatos divinos” para el hombre.

Uno de estos mandatos o prohibiciones era”no arrancar espigas”. Otro mandato señalaba, cuantos pasos había que caminar en el día!.

Como es que estos fariseos están precisamente ahí, donde se “quebranta la ley? Cuantos paso tuvieron que dar, y ellos, no pecaron?

Y es que esta “raza aparece siempre allí donde alguien infringe la ley. La “ley” no les ordenaba no mover la lengua contra el prójimo, de modo que siempre tenían ”trabajo”. Contradictoriamente, el día de la alegría y de la libertad, se había convertido en un día de esclavitud, porque hay del que quebrante un precepto!

Desgraciadamente, esta “raza” todavía prolifera: son los que “se asoman” y “van a decir”, si “cumplen” pero su cumplimiento no les da alegría. Su alegría es completa solo cuando pueden detectar o denunciar las fallas ajenas. Llenan su vació con estas pequeñeces. Preocupados por cuatro espigas, no dudan en demoler a una persona a golpes de alengua.

Igualmente quienes los escuchan y se sirven de su “colaboración”. Algo mas?, siempre tristes su rostro “amargado”, pues consideran “pecado” hasta reírse, tratan de imponer a los demás, su infierno como “voluntad de Dios”. De todo esto Cristo nos libera… si nos dejamos.

Textos Bíblicos:  1 Samuel  16:1-13; Marcos  2: 23-28; 5 Minutos de Oración en el Hogar

“La suegra de Simón yacía en coma con fiebre. Enseguida le hablaron de ella. El se acerco, la cogió de la mano y la levanto; se le quito la fiebre y se puso a servirles”. Marcos 1:29

El relato de la curación de la suegra de Pedro es sencillo, pero muy vivo; y en el no solo se nos describe un simple milagro, sino un gran mensaje de vida que anuncia el Reino de Dios.

Jesús levanto a la suegra de Pedro, a curarla y ella se puso a “servirles”.

He a qui la salvación traída por Jesús a todos nosotros; cuando le permitimos a Jesús intervenir en nuestras vidas, nos “levanta” (cura, sana y perdona)  para que enrolemos en el camino del “servicio”. Por eso “Todo el mundo te esta buscando” le dicen los discípulos a Jesús.

Si la historia entera ha buscado a Jesús. En el arte, en la literatura, en el pensamiento, en la naturaleza, en la Biblia, en la Iglesia, en el pobre, en la bella, en el fracaso, en la luz.  El mundo entero ha buscado a Jesús, el sale a su encuentro.

Muchos NO lo han encontrado porque quizás la búsqueda iba por caminos muy distintos y esperaban encontrar un Dios  hecho a la medida de su propia mezquindad. La sangre busca a Jesus para ser curada, para que la fiebre los deje, para que ala enfermedad los abandone, para que el éxito los asista, para que los problemas se solucionen y para que una nueva manera de ser y de estar se instale en el mundo.

Buscar a Jesús es una de las mas grandes aventuras. Y Jesús sigue recorriendo los caminos de la historia general y particular.

Sigue el Señor abierto a quien lo busca con sincero corazón . También yo quiero buscarte y encontrarte en cada rincón de mi vida, en cada momento de este día que me regalas hoy!

Del Salmo 39: Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.

Textos Bíblicos:  1 Samuel 3:1-10-19-20; Marcos 1:29-39; 5 Minutos de Oración en el Hogar

“Ana se levanto y con el alma llena de amargura se puso a rezar al Señor, llorando.” 1 Samuel 1:9.

Aquí tenemos un modelo de oración es esta suplica de esta mujer israelita: Ana, mama de Samuel . Veamos su actitud ante Dios.

Pone TODA su vida en oración: Toda su cuerpo y alma, están comprometidos en su oración. Llena de amargura ora y llora.

Nosotros, tantas veces, en cambio, nos encerramos en nuestra amargura  y pensamos que no podemos desahogarla en Dios. Nos quedamos en el plano humano, cuando tratamos de resolver los problemas lo mejor posible, y no nos apoyamos suficientemente en El mediante la oración.

Ayúdame Señor a descubrir mas, y mas esa doble reacción; esforzame a resolver humanamente las cuestiones  que me atañen,… con todas mis energías, y toda mi inteligencia y mi perseverancia. Y a llevar a la oración a esas mismas realidades… con toda mi fe, toda mi confianza en Ti, Señor.

Decía Ana: “Oh Señor del universo. Si te dignas a mirar la aflicción de tu sierva y darle un hijo varón…. lo consagrare al Señor por todos los días de su vida”.

Ciertamente, no es esta una plegaria arrogante, que exija algo de Dios, ni siquiera es una plegaria exaltada.. es una oración de pobreza, habituada a no ser atendida, y que sin embargo sigue rogando tímida y humildemente . Su oración la sitúa en estado de plena sumisión a Dios.

Esta decidida a admitir que su hijo, si le es concedido, no le pertenecerá , que deberá ”darlo” consagrarlo a Dios.

La verdadera oración transforma al que la pronuncia. La oración no cambia a Dios, nosotros cambiamos en cuanto ella nos prepara a ser mas disponibles.

Hágase tu voluntad!

La verdadera oración no nos deja inmóviles, sino que nos impulsa a tener una actitud de buscar mejor, de trabajar mejor, de encontrar mejores soluciones  a nuestros problemas … hasta que nos encontremos con lo que la Gracia de Dios quiere hacer con nosotros.

Déjate encontrar por El!

Textos Bíblicos: 1 Samuel 1:9-20; Marcos  1:21-28; 5 Minutos de Oración

“Y este es el testimonio; Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida esta en su hijo. Quien tiene al hijo tiene la vida, quien no tiene al hijo de Dios no tiene la vida. Les he escrito estas cosas a los que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que se den cuenta  de que tienen vida eterna”. 1 Juan 5:5-13

Viene del día anterior…

El huevo había llegado al agua frágil, su cascara fina protegía su interior liquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior había endurecido. El café sin embargo era único; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado el agua.

“¿Cual eres tu?”, le pregunto a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿como respondes?

¿Eres una zanahoria que pareces fuerte, pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan te vuelves débil y pierdes la fortaleza?.

¿Eres un huevo, que comienzas con un corazón maleable? Poseías un espíritu fluido, después de una muerte, una separación o un despido, ¿te has vuelto dura y rígida?

¿O eres como el café? El café cambia al agua herviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor, tu reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

¿Y tu cual de los tres eres? Los cristianos somos un granito que le damos al mundo sabor a Cristo. Que no los sorprenda, hermanos, que el mundo los odie: nosotros hemos pasado de la muerte a la vida; lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y ustedes saben que ningun homicida lleva en si vida eterna

Del Salmo 147: Bendito sea el Señor

Textos Biblicos:  1 Juan 5:5-13; Marcos 1: 7-11; 5 Minutos de Oración en el Hogar

“Queridos hermanos: Este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: que nos amemos unos a los toros. No seamos como Cain, que procedía del maligno y asesino a su hermano. Y ¿porque lo asesino? Porque sus obras eran malas. Mientras las de su hermano eran buenas”. 1 Juan 3: 11-21  

Una hija se quejaba con su Padre acerca de su vida, y como las cosas le resultaban tan difíciles. No sabia como hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, Chef de profesión, la llevo a su lugar de trabajo. Allí lleno tres recipientes con agua y los coloco sabre el fuego.

Pronto el agua de cada uno estaba hirviendo. En uno coloco zanahorias, en otro huevos, y en el ultimo preparo café.

Los dejo hervir sin decir palabra. La hija espero impacientemente, preguntándose, que estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apago el fuego. Saco las zanahorias y las coloco en un tazón. Saco los huevos y los coloco en otro plato. Finalmente colo el café.

Mirando a su hija le dijo: “Querida, que ves?” -”Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo, y noto que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cascara, observo el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija pregunto: “¿Que significa esto Papa?”.

El explico, que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad, ¡agua hirviendo!. Pero habian reaccionado en forma muy diferente. La zanahoria llego al agua fuerte, dura; pero después de pasar el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer….  (continua en la mañana)…….

Textos Biblicos:  1 Juan 3: 11-21; Juan 1:43-51; 5 Minutos de Oración en el Hogar

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