Viernes 2 de Noviembre de 2018

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.
Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.
Padre nuestro.

Del Libro del profeta Isaías: 25, 6. 7-9.
De la primera carta del apóstol San Pablo a los Tesalonicenses: 4, 13-14. 17-18.
Del Santo Evangelio según San Juan: 6, 51-58.

Santoral: CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS.

Señor Dios, gloria de los fieles y vida de los justos, que nos has redimido por la muerte y Resurrección de tu Hijo, acoge con bondad a tus fieles difuntos, que creyeron en el misterio de nuestra resurrección, y concédeles alcanzar los gozos de la eterna bienaventuranza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

“Yo sé que está vivo mi Redentor”. Job 19:1 23-27ª.

Después de predicar en una celebración de exequias en un cementerio, el sacerdote se dirigía hacia la puerta de salida, cuando corriendo le alcanzó una hermosa niña de 11 años, saltando sobre lápidas y pequeñas plantas.
Al encontrarse con el sacerdote y entablar conversación con él, éste le dijo:
-Pero niña, ¿qué no te asusta el venir corriendo sobre tantas tumbas?, ¿no te da miedo el saber que te abres paso sobre los sepulcros de tantos muertos?.
-¡¡¿Asustarme yo?!!. ¿Ve aquella casa blanca al otro lado de la calle del cementerio?.
-Sí –dijo el sacerdote.
-Pues esa es mi casa; yo sólo voy aquí en viaje a mi hogar…
¿Por qué hemos de asustarnos nosotros los cristianos por las cosas terribles de esta vida, aún la misma muerte?…
Nosotros vamos solamente pasando, pues nuestro viaje es hacia nuestro hogar celestial, al otro lado de la muerte.
Nuestras oraciones por los fieles difuntos llevan por consiguiente un doble sello; caridad hacia ellos y certeza de la victoria de Cristo.
Les amamos, pero no con un amor nostálgico, prisionero de la fantasía o el recuerdo, sino con el amor eficacísimo propio de la victoria del Señor.
Y ofrecemos este acto de amor uniéndonos al amor más grande, es decir, al amor de Cristo en la Eucaristía.
Allí precisamente donde se renueva la ofrenda viva de Cristo, allí fundamos nuestro amor y nuestra esperanza mientras rogamos por nuestros hermanos difuntos y que están en un mejor lugar que el nuestro.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 129: “Escucha Señor mi oración”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Noviembre:

Todos fuimos llamados a ser santos, disfrutar del amor del Señor en esta vida, para llegar a la plenitud de ese amor después de la muerte.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Son santos aquellos en quienes el amor de Dios se realiza en sus vidas. Concédenos, Señor, no despreciar tu amor por el pecado.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Te rogamos, Padre, por nuestros hermanos que han llegado por la muerte, antes que nosotros, a tu Presencia. Acógelos por tu Misericordia en tu Reino de Amor.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Da a nuestro corazón, Jesús, el verdadero amor a nuestros hermanos, por el cual busquemos con sinceridad su salvación eterna.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

No nos dejes, Señor, caer en la trampa de la soberbia, por pretender, en nuestra vanidad, ser engrandecidos ante los demás.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Que no convirtamos, Jesús, las obras de religión que nos deben acercar a ti, en exhibición de nuestra vanidad y presunción.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Con Zaqueo, debemos convertir nuestro corazón a Dios de tal manera, que como Él, compensemos, con creces, las injusticias que hemos hecho a los hermanos.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

A los pobres no solamente les debemos compasión, en Nombre de Jesús, sino el verdadero amor por el cual dobleguemos nuestra mala predisposición hacia ellos.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Dios ha repartido sus dones en nosotros según su gran bondad y misericordia. Esos dones han de estar al servicio del Señor, en el bien que busquemos a favor de nuestros hermanos.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Se pueden agregar otras peticiones.

OREMOS: Nos exiges, Padre del Cielo, un amor hacia ti total e incondicional, de tal manera que sobre tu amor no debe existir ningún otro en nuestro corazón. Queremos amarte como tú nos lo pides. Por Jesucristo, tu Hijo, Nuestro Señor. AMÉN.

Jueves 1 de Noviembre de 2018

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.
Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.
Padre nuestro.

Del Libro del Apocalipsis del apóstol San Juan: 7, 2-4. 9-14.
De la primera Carta del apóstol San Juan: 3, 1-3.
Del Santo Evangelio según San Mateo: 5, 1-12.

Santoral: SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS.

Dios todopoderoso y Eterno, que nos concedes venerar los méritos de todos tus Santos en una sola fiesta, te rogamos, por las súplicas de tan numerosos intercesores, que en tu generosidad nos concedas la deseada abundancia de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo…

“Estén alegres y contentos, porque su recompensa será grande en el Cielo”. Mateo 5:1-12.

Estamos tan acostumbrados a encontrar miserias y decepciones y vivimos en unos tiempos tan duros, tan absurdos, que verdaderamente parece imposible, sentir que estamos rodeados de santidad. Y eso es lo que nos dice la Fiesta de hoy.
El bien parece a veces tan escaso, el mal tan fuerte, el bien tan frágil, el mal tan contundente; el bien parece cosa de aficionados y el mal asunto de profesionales. Nos parece tan desigual la vida; son tantas las diferencias, son tantas las flores que mueren sin abrirse, que la Fiesta de hoy nos deja sin palabras.
Nos invita hoy la Iglesia a celebrar el milagro de la santidad, la presencia viva del Espíritu de Dios que ha tomado victoria de tantas vidas. Y nosotros sentimos admiración y sentimos gratitud, sentimos nuestra pequeñez, sentimos nuestra indigencia, pero tenemos derecho también a sentir felicidad.
Desde la otra orilla nos saludan los que ya llegaron al puerto. Y, por un momento, es bueno y bello abrir los ojos del corazón y pensar en todos esos que Cristo se llevó en su cortejo glorioso hacia los cielos; pensar en ellos, saludarlos con amor y con gratitud, saludarlos con esperanza.
Desde esta orilla, desde esta tierra, yo quiero saludar la Patria de los bienaventurados, esos que estaban ahí ante los ojos de Cristo, estaban en Su Corazón. Y porque entraron al Corazón de Cristo, se fueron con Cristo cuando Cristo se fue al Cielo.
Tengamos sed de esta santidad, de ser santos.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 23: “Ésta es la clase de hombres que te buscan, Señor”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Noviembre:

Todos fuimos llamados a ser santos, disfrutar del amor del Señor en esta vida, para llegar a la plenitud de ese amor después de la muerte.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Son santos aquellos en quienes el amor de Dios se realiza en sus vidas. Concédenos, Señor, no despreciar tu amor por el pecado.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Te rogamos, Padre, por nuestros hermanos que han llegado por la muerte, antes que nosotros, a tu Presencia. Acógelos por tu Misericordia en tu Reino de Amor.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Da a nuestro corazón, Jesús, el verdadero amor a nuestros hermanos, por el cual busquemos con sinceridad su salvación eterna.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

No nos dejes, Señor, caer en la trampa de la soberbia, por pretender, en nuestra vanidad, ser engrandecidos ante los demás.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Que no convirtamos, Jesús, las obras de religión que nos deben acercar a ti, en exhibición de nuestra vanidad y presunción.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Con Zaqueo, debemos convertir nuestro corazón a Dios de tal manera, que como Él, compensemos, con creces, las injusticias que hemos hecho a los hermanos.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

A los pobres no solamente les debemos compasión, en Nombre de Jesús, sino el verdadero amor por el cual dobleguemos nuestra mala predisposición hacia ellos.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Dios ha repartido sus dones en nosotros según su gran bondad y misericordia. Esos dones han de estar al servicio del Señor, en el bien que busquemos a favor de nuestros hermanos.
SEAN PERFECTOS, COMO SU PADRE QUE ESTÁ EN EL CIELO ES PERFECTO. Mt. 5:48.

Se pueden agregar otras peticiones.

OREMOS: Nos exiges, Padre del Cielo, un amor hacia ti total e incondicional, de tal manera que sobre tu amor no debe existir ningún otro en nuestro corazón. Queremos amarte como tú nos lo pides. Por Jesucristo, tu Hijo, Nuestro Señor. AMÉN.