“¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, se arruina su vida? ¿O que podrá dar para recobrarla?”. Mateo 16:24-28.
Había una vez un leñador muy robusto que fue pedir trabajo a un maderero y éste lo contrató.
El sueldo y las condiciones de trabajo eran muy buenos. Así que nuestro leñador, agradecido se puso trabajar duro. El jefe le dio una hacha y le mostró la zona donde tenía que trabajar.
El primer día del leñador cortó 18 árboles. “Le felicito”, le dijo el jefe. “Siga así”.
Muy motivado por las palabras del jefe, el leñador trabajo más duro al día siguiente, pero sólo pudo cortar 15 árboles. El tercer día se esforzó aún más, pero sólo consiguió 10. Día tras día, a pesar de su gran esfuerzo, conseguía cortar menos árboles.
“Debo estar perdiendo fuerza”, pensó el leñador. Fue al jefe y le pidió disculpas y le dijo que no entendía lo que le pasaba.
“¿Cuándo fue la última vez que afilo el hacha?”, le preguntó el jefe. “¿Afilar?. No tuve tiempo de afilar el hacha”.
Nuestra vida no está hecha para ser guardada, sino para ser entregada. Amar no es “sentir emoción”, no es desear poseer al otro, es olvidarse de sí mismo para darse al otro. Cada vez que uno “toma para sí, deja de amar”.
Si amas de veras, si eres capaz de renunciar a ti, de olvidarte, si eres capaz de morir a ti mismo en beneficio de aquel a quien amas.
¿De qué le sirve a uno ganarse al mundo entero si malogra su vida? O, que puede dar el hombre a cambio de su vida?.
Es para” salvarse” que hay que “perder”: la renuncia no tiene su fin en sí misma… es la condición de una “vida” en plenitud. ¡Por la renuncia y la Cruz, Jesús no propone una destrucción, sino un desarrollo… una expansión total y eterna!
¡Señor, ayudamos a vivir los verdaderos valores y que no se olvide a tener siempre listo y no descuidar de nuestra vida lo esencial, que es el amor!.
Del Salmos 76: Recordaré los prodigios del Señor.
Textos Bíblicos: Deuteronomio 5:32-40; Mateo 16:24-28; 5 minutos de oración en el hogar

