“Hablo Moises al pueblo, diciendo: “Ahora, Israel, que es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminios y le ames, que sirvas al Señor, tu Dios, con todo el corazon y con toda el alma, que guardes los preceptos del Señor, tu Dios, y los mandatos que yo te mando hoy para tu bien”. Deuteronomio 10:12-22.

Dios nos ha amado. Por tanto, ahora nos toca a nosotros corresponderle.

Moisés concreta, una vez mas, el amor a Dios relacionándolo con el amor al prójimo.

Amar a Dios, servirle, seguir sus caminos: ahí esta la verdadera felicidad para cada persona y la clave de la armonía y la prosperidad para la comunidad. Esos caminos de Dios no son solo de oración y de culto, sino también de justicia y de caridad.

La Fundación Gates se ha enfocado en ayudar a la salud del mundo, peleando con sus recursos financieros contra enfermedades como la malaria, el sida y la tuberculosis y mejorando bibliotecas y escuelas. Los Gates dicen que este donativo ayudara para acelerar los programas entre la gente necesitada donde han estado invirtiendo. La decisión la tomo Warren Buffet luego de la muerte de su esposa y al tener ya el 75 años, el no ha querido que este dinero llegue a las fundaciones luego de su muerte.

Cuanto alivio vendría al mundo si todos los ricos y millonarios del mundo tomaran esta misma decisión.

La Biblia habla de una bendición que del cielo viene para aquellos que se acuérdate de los pobres. Independientemente de que motivación hay detrás de estos gestos, la verdad es que la bendición llega a los pobres a través de estas decisiones.

Al lado tuyo siempre hay un pobre, comparte lo poco o mucho que has recibido con el. Reparte, da a los pobres; Su justicia permanece para siempre; Su poder sera exaltado en gloria. Salmo 112:9.

Del Salmo 47: Glorifica al Señor, Jerusalen.

Textos Bíblicos: Deuteronomio 10:12-22; Mateo 17:22-17; 5 minutos de oración en el hogar

“¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, se arruina su vida? ¿O que podrá dar para recobrarla?”. Mateo 16:24-28.

Había una vez un leñador muy robusto que fue pedir trabajo a un maderero y éste lo contrató.

El sueldo y las condiciones de trabajo eran muy buenos. Así que nuestro leñador, agradecido se puso trabajar duro. El jefe le dio una hacha y le mostró la zona donde tenía que trabajar.

El primer día del leñador cortó 18 árboles. “Le felicito”, le dijo el jefe. “Siga así”.

Muy motivado por las palabras del jefe, el leñador trabajo más duro al día siguiente, pero sólo pudo cortar 15 árboles. El tercer día se esforzó aún más, pero sólo consiguió 10. Día tras día, a pesar de su gran esfuerzo, conseguía cortar menos árboles.

“Debo estar perdiendo fuerza”, pensó el leñador. Fue al jefe y le pidió disculpas y le dijo que no entendía lo que le pasaba.

“¿Cuándo fue la última vez que afilo el hacha?”, le preguntó el jefe. “¿Afilar?. No tuve tiempo de afilar el hacha”.

Nuestra vida no está hecha para ser guardada, sino para ser entregada. Amar no es “sentir emoción”, no es desear poseer al otro, es olvidarse de sí mismo para darse al otro. Cada vez que uno “toma para sí, deja de amar”.

Si amas de veras, si eres capaz de renunciar a ti, de olvidarte, si eres capaz de morir a ti mismo en beneficio de aquel a quien amas.

¿De qué le sirve a uno ganarse al mundo entero si malogra su vida? O, que puede dar el hombre a cambio de su vida?.

Es para” salvarse” que hay que “perder”: la renuncia no tiene su fin en sí misma… es la condición de una “vida” en plenitud. ¡Por la renuncia y la Cruz, Jesús no propone una destrucción, sino un desarrollo… una expansión total y eterna!

¡Señor, ayudamos a vivir los verdaderos valores y que no se olvide a tener siempre listo y no descuidar de nuestra vida lo esencial, que es el amor!.

Del Salmos 76: Recordaré los prodigios del Señor.

Textos Bíblicos: Deuteronomio 5:32-40; Mateo 16:24-28; 5 minutos de oración en el hogar

“Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedara atado en el cielo, y lo que desátese la tierra, quedará desatado en el cielo”. Mateo 16:13-23.

En nosotros pueden coexistir una fe muy sentida, un amor indudables de Cristo y, a la vez, la debilidad y la superficialidad en el modo de entenderle.

No se podía dudar de el amor que Pedro tenía a Jesús, ni dejar de mirar la prontitud y decisión con que proclama su fe en él.

Pero esa fe no es madura: no ha captado que él mesianismo que él espera (fruto de la formación religiosa recibida) no coincide con el mesianismo que anuncia Jesús, que incluye su muerte en la cruz.

Todos tendemos a hacer una selección de nuestro seguimiento de Cristo. Le confesamos como Mesías e Hijo de Dios. Pero ya nos cuesta más entender que se trata de un Mesías “crucificado, que acepta la renuncia y la muerte porque está seriamente comprometido en la liberación de la humanidad. No nos agrada tanto que sus seguidores debamos recorrer el mismo camino.

Como a Pedro,  nos gustan monte Tabor, el de la transfiguración, pero no, el monte Calvario, el de la Cruz.

A Jesús le tenemos que aceptar entero, sin censurar las páginas del Evangelio según vayan o no de acuerdo con nuestra formación, con nuestra sensibilidad poco nuestros gustos.

Más tarde, ayudado en su maduración espiritual por Cristo, por el Espíritu y por las lecciones de la vida, Pedro aceptará valientemente la Cruz: cuando se tenga que presentar ante las autoridades que le prohíben hablar de Jesús, cuando sufra cárceles y azotes, y, sobre todo, cuando tenga que padecer martirio en Roma. Valió la pena la corrección que Jesús le dedicó.

Del Salmo 94: Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Textos Bíblicos: Números 20:1-13; Mateo 16:13-23; 5 minutos de oración en el hogar

“Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: “Ten compasión de mi, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo…”. El le contesto: “No esta bien echar a los perros el pan de los hijos”. Pero ella repuso: “Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mes de los amos”. Jesús le respondió: “Mujer, que grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas”. En aquel momento quedo curada su hija”. Mateo 15:21-28.

Jorge, un cristiano lleno de amor, daba testimonio de su fe por todas partes. Su compañero de trabajo, Enrique, se burlaba ver.

Un día, una niña se presentó a Enrique con una receta para su madre enferma. Mezclo algunas drogas y vertió el contenido en un frasco y se volvió a la niña y esta salió corriendo. Cuando el farmacéutico dejó las botellas en su lugar constató, con pánico, que le había dado un veneno mortal.

No sabía ni al nombre de la dirección de la niña. Se sintió aterrado, dentro de unos momentos la madre iba a beber el brebaje mortal, un sudor frío corrió por su cuerpo.

¿Qué sería de la madre y de su familia y de su carrera?.

De repente, recordó a su amigo Jorge y el Dios del que tanto le hablaba. Se puso de rodillas e invocó a Dios pidiendo interviniera en esta terrible situación.

De repente. La puerta se abrió y la niña, asustada dijo el farmacéutico: “lo siento, señor, pero he tropezado en el camino. ¿Podría darme otra pócima?.”

Con gran alegría y cuidado le dio la nueva medicina. Este incidente trastorna la vida de Enrique y ya no fue mas él mismo. Ahora sabía por experiencia que Dios escucha las oraciones. Y se convirtió a Jesucristo.

¿Es tu oración también con fe o le falta algo?.

Del Salmo 105: Por tu pueblo, Señor, acuérdate de mí.

Textos Bíblicos: Números 13:1-2.25-14:1; Mateo 15:21-28; 5 minutos de oración en el hogar

“Miriam y Arón murmuraban contra Moisés porque había tomado como mujer a una cuchita (del territorio de Cuch). ¿Acaso Yahve, decían, sólo hablará por medio de Moisés? ¿No hablo también por nuestro intermedio?. Y Yahve los escuchó”. Números 12:1-13.

Hoy tenemos una escena bochornosa de envidias de familia. Es una fortuna que la Biblia nos hable de todas esas cosas que están en la vida humana y que, si no estuvieron en las Escrituras, quedarían sin ser aclaradas, iluminadas, saneadas y, en últimas, bendecidas.

El pecado ocupa mucho espacio del libro Santo, precisamente porque toda la revelación bíblica es un relato estupendo de cómo el pecado no tiene la última palabra.

Una historia de pecado no es una aburrida historia de fracaso, si no, en el último término, una preciosa historia de gracia.

Cuatro bueyes grandes y fuertes se hicieron amigos y se juraron estrecha amistad. Iban juntos a pacer a los prados, se defendían mutuamente de sus enemigos y vivían en perpetua concordia. El lobo viendo que no podían embestirles estando siempre unidos, ideó un engaño para indisponerlos entre sí y que se separasen, diciendo a cada uno en particular, que los otros se burlaban de él y que le aborrecían. De esta manera logró que unos recelasen de otros. De esta forma las sospechas y desconfianzas crecieron en tanto grado, que se rompió su alianza. A partir de ese momento cada uno fue por su lado y salían solos a pacer por el campo, no queriendo ya estar en compañía de sus antiguos amigos. El lobo viendo buen éxito de su engaño, los fue cazando y matando uno a uno. El último buey antes de morir dijo estas palabras: “seguramente morimos por nuestra culpa, por dar crédito a los malos consejos de lobo; pues si hubiéramos permanecido juntos, unidos, de ningún modo hubiera podido devorarnos lobo”.

Del Salmo 50: Misericordia, Señor, hemos pecado.

Textos Bíblicos: Números 12:1-13; Mateo 15:1-2.10-14; 5 minutos de oración en el hogar