“… Cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero El les dijo; Soy yo, no teman.” Juan 6: 19-20.
Los discípulos acaban de ver a Jesús, emocionados, “multiplicando” los panes y los pescados, pero, inmediatamente después, ya están ”llenos de miedo” ante la “tormenta” en el lago, y luego consolados por Jesús.
Jesús va educando a sus discípulos (y a nosotros) acerca de la fe de la confianza en la presencia y asistencia divina en el corazón del hombre que lo capacita para enfrentar todas las “tormentas” de la vida de la fe.
¿Quien no quisiera vivir asegurado contra todo y contra todos, sin temores por perder la salud, la vida, las pertenencias, los seré queridos, etc… y sobre todo “estar seguros” de que, después de esta vida, estaremos con Dios para siempre?
Sin embargo, nuestra historia, la mayoría de las veces , es mas un “mar encrespado” que un lago tranquilo. Hay tantas “corrientes’ contrarias que nos zarandean para todos lados. Es precisamente aquí, en medio de la tormenta, donde se establece el encuentro con Dios. LA FE!
Los discípulos solo después de haber navegado duramente, descubren de pronto el rostro luminoso. Jesús, nuestro Señor Resucitado ha unido su suerte a las de las fuerzas tenebrosas de la historia de los hombres.
Como hijos de Dios, como iglesia, solo existimos en los combates encrespados de la vida., maltratada por todas las tempestades y por todas las fuerzas malignas. Solo después de haber luchado a fondo, temiendo constantemente, “hundirnos”, descubriremos que nuestra ansiosa búsqueda ya estaba dirigida por el Espíritu.
La Fe no nos evita los temores a tantas cosas, solo nos garantiza que Dios aparecer en alguna parte para responder a ellos. ¿Estas seguro de esto?
Reflexionemos en silencio.
Textos Bíblicos: Hechos 6:1-7; Juan 6: 16-21; 5 Minutos de Oración en el Hogar

