“¿A quién se parecen los hombres de esta generación?. Se parecen a esos niños sentados en la plaza que gritan a otros: tocamos la flauta y no bailan, cantamos canciones tristes y no lloran”. Lucas 7:31.

Los caminos de Dios y los caminos de los hombres no coinciden. Los hombres esperan algo que Dios no les da y siempre tienen un “perro” (pretexto) a sus dones, para cumplir sus mandamientos…

Una maestra quiso demostrar a sus niños de primaria que Dios es un mito. La clase ocurrió así:

Maestra: Hoy vamos a aprender que Dios no existe. (Entonces, dirigiéndose a uno de los niños dice:) Tito, vez ese árbol allá afuera?.

Tito: sí, Maestra.

Maestra: Tito, desde la hierba?.

Tito: sí, Maestra.

Maestra: vete afuera y mira hacia arriba y dime si ves el cielo.

Tito: (regresando unos minutos más tarde) sí, vi el cielo, Maestra.

Maestra: viste a Dios?.

Tito: no, Maestra.

Maestra: Esto es exactamente mi punto. Podemos ver todo lo que existe, pero no podemos ver a Dios porque él no existe. Es un cuento.

En ese momento, María, una compañera de Tito, pidió a la maestra si podía ser más preguntas a Tito.

La Maestra, algo sorprendida, accedió.

María: Tito, ves los árboles afuera?.

Tito: sí.

María: ves la hierba?.

Tipo: (ya aburrido de tantas preguntas, contesta) sí, sí, sí.

María: vez a la maestra?.

Tipo: si!.

María: todo lo que existe se ve, cierto?.

Tipo: si!.

María: ves el cerebro de la maestra?.

Tito: no.

María: Entonces, Tito, según nos han enseñado hoy, nuestra maestra no tiene cerebro.

Textos bíblicos: 1 Timoteo 3:14-16; Lucas 7:31-35; 5 minutos de oración en el hogar

“Al ver a la viuda el Señor, le dio lástima y le dijo: no llores. Se acercó al ataúd, lo tocó y le dijo: ¡muchacho, a ti te lo digo, levántate!. El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre”. Lucas 7:11.

No es más que el amor apasionado de Dios por nosotros, lo que nos quiere presentar San Lucas cuando nos dice que Jesús “se conmovió entrañablemente” ante aquella viuda que, “para colmo”, se la acababa de morir su hijo.

Ella va a enterrar a su único hijo; se ha quedado solo en la vida, sin apoyo, sin seguridad para su ancianidad, ¿qué ilusión iluminaría en adelante todas sus tareas cotidianas? ¿Qué razones tendrá ya para vivir, puesto que se le ha muerto por quien vivía?.

Volvería a su casa fría y silenciosa y vacía; estaba tan muerta como su hijo. He aquí el encuentro de Jesús ante esta realidad: es el “gran corazón de Jesús” que viene para afrontar las lágrimas de todas las personas, por poder de la vida que tiene en él.

Es el encuentro de Jesús con el misterio más negativo de la persona, que es la muerte.

La “entrañable conmoción de Jesús” su misericordia se transforma para este muchacho, en resurrección, en vida; el amor creador de Dios es salvación, es vida, es novedad.

Dentro de poco Jesús ocupará el puesto del hijo de la viuda, porque su amor, su misericordia le hace ocupar el lugar del ser amado, totalmente y sin condiciones. Jesús sera conducido a la muerte, porque “tomó sobre si todas las enfermedades”, pero para transformarlas en vida eterna, por su resurrección.

Gracias a esto, nosotros creemos que Dios nos escucha, que nuestros sufrimientos, nuestros gritos de rebeldía o de miseria silenciosa son acogidos en la “entrañable misericordia” de Jesús.

¡Gracias, Señor! Porque tú no abandonas a los creen en ti al polvo de la corrupción y tu compasión es para nosotros fuente de vida.

El Salmo 100: Danos, Señor, tu bondad y tu justicia.

Textos Bíblicos: 1 Timoteo 3:1-13; Lucas 7:11-17; 5 minutos de oración en el hogar

Se ha dicho que todos los grandes hombres y los grandes cristianos han sido humildes, ya que la humildad crece en el corazón de todo aquel que vive sinceramente la existencia.

No se puede vivir una fuerte relación con Dios si no es en actitud modesta y humilde.

Pero, el hombre moderno no es capaz de adorar la grandeza de Dios, no sabe reconocer sus propios límites, no sabe intuir que su verdadera grandeza está en vivir humildemente ante Dios.

Claro, cuando no se ha descubierto la grandeza de Dios, la humildad se convierte en “bajeza”, en desprecio de sí mismo, en algún digno de ser vivido.

El núcleo de toda verdadera fe es la humildad.

Una bella oración litúrgica de la Iglesia dice así:

“Señor, ten misericordia de nosotros que no podemos vivir sin ti ni vivir contigo”.

Esta es nuestra experiencia diaria. No podemos vivir sin Dios y no logramos vivir con él.

Dios es luz pero, a la vez, no resulta demasiado oscuro. Es cercano, pero está oculto. Nos habla, pero tenemos que soportar su silencio.

El creyente sabe por experiencia que Dios es paz, pero una paz que engendra intranquilidad e inquietud. Dios es pureza, de una pureza que nos descubre nuestra impureza.

Por eso, todo hombre que se acerca a Dios con sinceridad lo hace como aquel centurión romano que se acercó a Jesús con estas palabras: “yo no soy digno de que entres en mi casa” (Lucas 7:1-10).

Sólo quien pronuncia estas palabras desde el fondo de su ser y piensa así de sí mismo, se está acercando a Dios con verdad y dignidad.

Al contrario, quien se siente digno ante Dios, está actuando indignamente. Se está alejando de quienes la luz y la verdad.

Cuando más penetra el hombre en el fondo de su corazón, mejor descubre que el único camino para encontrarse con Dios es el camino de la humildad, la sencillez y la transparencia.

Textos Bíblicos: 1 Timoteo 2:1-8; Lucas 7:1-10; 5 minutos de oración en el hogar

“Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque el salvara a su pueblo de sus pecados”. Mateo 1:21.

¿Por qué venerar el nacimiento de la madre de Jesús, la virgen María?.

Porque es parte de la devoción cristiana a través de los siglos, el venerar los acontecimientos y las personas que han preparado el nacimiento de Cristo en el plano humano y en el plano de la gracia: y entre ellos se encuentran, su madre, el nacimiento de ella, la concepción virginal de Jesús, sus padres, sus antepasados (Mateo 1:1-16).

Creer en todo lo que fue preparando la encarnación de Jesús, significa creer que realmente sucedió y reconocer, a la vez, la necesidad de la colaboración humana en los planes que Dios tiene para la salvación del mundo.

Y, ¿por qué el nacimiento de María?.

Si el nacimiento de Cristo quiso conservar intacto el templo de la virgen, el nacimiento de esta no puede no ser un acontecimiento salvífico.

Venerar a María Virgen es pretender imitar sus virtudes y pedir su intercesión para que nos hagamos merecedores de la complacencia de Dios.

Así lo cantan las oraciones para la celebración de este día: “Hoy es el nacimiento de Santa María Virgen, en cuya belleza y humildad Dios se ha complacido”. “Que se goce la Iglesia de su nacimiento, ya que fue para el mundo esperanza y aurora de salvación”.

Celebramos un el día feliz en que apareció en el mundo como una estrella radiante la Inmaculada y gloriosa madre de Dios. Después de la culpa de la primera mujer, por fin se nos abrió la anhelada puerta de la vida y fuimos llamados de las tinieblas a la alegría de la luz eterna por el hijo de la virgen María. (Prefacio).

Del Salmo 12: Me llenare de alegría en el Señor.

Textos Bíblicos: Miqueas 5:1-4; Mateo 1:18-23; 5 minutos de oración en el hogar

“Dichosos los pobres, porque suyo es el reino de Dios. Pero, ¡ay de ustedes los ricos!, porque ya están saciados”. Lucas 6:20-26.

Jesús llama “felices, bienaventurados y dichosos” a los pobres, los que pasan hambre, los que lloran, los perseguidos por la causa de su fe.

Y llama “desgraciados, infelices” a los ricos, a los que están saciados, a los que están adulados por el mundo.

Inmediatamente vienen las reacciones: pobreza, enfermedad, lágrimas, persecuciones, ¿como su posible que ponga Jesús la felicidad en algo que todo mundo teme?.

El hombre se revela: “la felicidad no es eso, y si se consigue a ese precio, no está a nuestro alcance”.

Aunque parezca lo contrario, cuando Dios se dirige al hombre, poniendo ante el la bendición o la maldición, se trata siempre de felicidad.

La Palabra de Dios es siempre palabra de Gracia.

Los pobres, los hambrientos, los que lloran, son ellos mismos. No tiene nada, son objeto de burla para los hombres suficientes y “sabios”. A ellos Jesús les dirigió una palabra de consuelo en nombre de Dios, les abre el camino de la salvación y grita a los pobres: “¡es para ustedes!“.

El hombre cree que puede construir su felicidad a base de recetas. ¡Cuántas “ofertas” de felicidad (?) Nos ofrece la televisión!. Y, muy en ello, nos seguimos sintiendo y llamando “pobres”, bienaventurados y “sufridos”, pero qué lejos estamos de seguir el camino de Jesús.

Por eso, la pobreza no termina nunca con el hombre rico que somos todos nosotros; podemos esbozarla de nosotros, como los dibujos de los niños, pero sólo puede dárnosla Dios, es un don, un abrazo suyo. El don de la gracia de confesar con la palabra y con el ejemplo que sólo Dios llena, satisface plenamente nuestra vida, de lo contrario… ¡ay de nosotros!.

Del Salmo 144: El señor es bueno con todos.

Textos Bíblicos: Colosenses 3:1-11; Lucas 6:20-26; 5 minutos de oración en el hogar