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Jan

Oración Final

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Oración final del día 25 al 31 de agosto

Hermanos y hermanas, Jesucristo nos dice que el hecho de salvarse o no, no depende fundamentalmente de ser miembro de la Iglesia, del llamarse cristiano. Depende, entonces como ahora, del vivir en comunión con Dios, de los hechos. Por eso, digámosle: CONDÚCEME, SEÑOR, POR TU CAMINO.

Señor Jesús, nos dejas muy claro en tu Evangelio que si queremos participar de la plenitud de vida que el Padre quiere para todos, tenemos que empezar a vivirla desde ahora con una vida cristiana ejemplar. CONDÚCEME, SEÑOR, POR TU CAMINO.

Padre, que la reflexión de tu Palabra nos lleva a entender, que la salvación es, sencillamente, un regalo, una oferta gratuita, un don de Dios a quien confía en él, se abre a su amor y trata de corresponderle. CONDÚCEME, SEÑOR, POR TU CAMINO.

Señor, haznos entender que, la verdadera dificultad, lo que hace ¨difícil¨ la salvación, no es el capricho de Dios sino la arrogancia del hombre, su autoseguridad, su autosuficiencia, su mucha confianza en sus propias fuerzas y su escasa o nula confianza en Dios. Que es el propio hombre quien se pone difícil la salvación al negarse a abrir sus manos y aceptar el regalo que Dios le está ofreciendo, un regalo preparado para quienes trabajan por el reino de Dios. CONDÚCEME, SEÑOR, POR TU CAMINO.

Señor, ayúdanos a entender, que cuando falta amor, todo lo demás carece de valor y de sentido. Es el amor lo único que puede abrir la ¨Puerta¨. CONDÚCEME, SEÑOR, POR TU CAMINO.

Se pueden agregar otras peticiones…

Señor, nos dices ¨esfuércense por entrar por la puerta estrecha¨. Que esto signifique vivir fielmente el amor, al servicio del hermano, con sentido de solidaridad, y no tras la posesión de las cosas, y desencadenado agresividad y violencia. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.