Textos Bíblicos: Génesis 18:20-30 y 2; Colosenses 2:12-14, Lucas 11:1-13.
“Cuando obren digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino…”.
Los cristianos estamos invitados a realizar milagros de justicia, de gritar proféticamente, con libertad y sin miedos, todas las opresinoes que pisotean la dignidad de los hijos de Dios.
Estamos llamados a inventar signos creíbles del amor compasivo del Padre, a través de nuestras opciones visibles hacia los pobres, enfermos, pecadores.
Inventar formas de presencia y acción en la política, en economía. Necesitamos hacer planes y actuar en los márgenes, desarrollar programas de acompañamiento, matrimonios, crear dinámicas nuevas, para los jóvenes y niños tengan vivencias profundas de la fe.
Bueno, hay 1000 proyectos pastorales de hacer, de praxis, de movernos, hasta de estudio profundización del Evangelio, pero que nunca se nos olvide la dimensión orante de la vida cristiana. Es algo esencial.
El Padrenuestro que enseña Jesús a sus discípulos es el modelo de oración.
Antes que nada, tenemos que situarnos, con la vida entera, frente a un Dios, que no sólo es creador omnipotente, o juez, sino que, fundamentalmente, es nuestro padre, con toda la confianza e intimidad que esto supone.
Con todo su cariño incondicional, que me motiva a hacer su voluntad, no como obligación, sino para agradar a quien me ama incondicionalmente e irremediablemente.
Orar brota de la necesidad de comunicarme: escuchar y hablar con el padre amado. Anhelo su reino. Quiero compartir el pan, el perdón. Pido fuerzas en las tentaciones que me pueden apartar de su corazón y su proyecto.
¡Enseñemos ahora!
El Salmo 137: Si camino entre angustias, me das vida; ante la cólera del enemigo, extiendes tu mano y tu diestra me salva.
5 minutos de oración en el hogar
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