Domingo 17 de Marzo de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del Libro del Génesis: 15, 5-12. 17-18.

De la Carta del apóstol san Pablo a los filipenses 3, 17-4, 1.

Del santo Evangelio según san Lucas: 9, 28-36.

Santoral: San Patricio, Obispo.

“Maestro es bueno quedarnos aquí”. Lucas 9:28-36.

Cuando Pedro vivió aquel momento bellísimo de la Transfiguración de Jesús, se emocionó tanto, que no quería irse de ahí. Estar tan cerca del Señor es una gracia tan grande y sabemos que en todo momento podemos lograr su presencia amigable.

Él prometió continuar entre nosotros y lo hace a través de la Iglesia que fundó y puso en las manos de sus seguidores para que la hicieran crecer y llegar a todas las partes del mundo.

En la Iglesia, que es una comunidad viva y es familia de Dios, podremos siempre sentir la alegría de Pedro en el Tabor, cuantas veces nos sintamos y estemos en verdad dentro de ella.

Es la razón por la que yo amo mucho a la Iglesia:

En primer lugar porque salió del costado de Cristo y por lo que Jesús murió.

La amo porque el Señor dio su vida por ella. Y la Iglesia -buena, mediocre, santa, pecadora, o todo junto- fue y sigue siendo la esposa de Cristo.

La segunda razón por la que amo a mi Iglesia es porque ella y sólo ella me ha dado a Cristo y a cuanto sé de Él.

No obstante, a través de una larga cadena de creyentes mediocres, me ha llegado el recuerdo de Jesús y su Evangelio.

Es cierto que su historia es triste y con errores por culpa de quienes la formamos. Pero también es cierto que está llena de Santos y esta es la tercera razón de mi amor.

Me atrevo finalmente a decir que la otra razón por la que amo a la Iglesia es imperfecta y podemos limpiar su rostro.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 26: “El Señor es mi luz y mi salvación”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 17 al 24 de Marzo:

Hermanos, Cristo es el nuevo en quien podemos hablar con Dios. En Él nos dirigimos al Padre e invocamos, diciendo:

NO NOS TRATES, SEÑOR, COMO MERECEN NUESTROS PECADOS.

Señor, que cada uno de nosotros sea una “casa del Señor”, es decir un lugar de acogida y encuentro con los hermanos.

NO NOS TRATES, SEÑOR, COMO MERECEN NUESTROS PECADOS.

Señor, que todas nuestras familias sepan transmitir a sus hijos los valores esenciales para edificar una sociedad mejor, como la confianza en Dios, la generosidad, la fraternidad.

NO NOS TRATES, SEÑOR, COMO MERECEN NUESTROS PECADOS.

Nos hemos destrozado, hemos juzgado a nuestros hermanos; pero tú, Señor, no condenas a nadie: Únenos en tu misericordia y cambia nuestros corazones.

NO NOS TRATES, SEÑOR, COMO MERECEN NUESTROS PECADOS.

Hemos calculado, hemos medido nuestro perdón. Pero tú, Señor, das sin cansarte, todo lo renuevas. Haznos a imagen de tu Hijo, y cambia nuestros corazones.

NO NOS TRATES, SEÑOR, COMO MERECEN NUESTROS PECADOS.

Señor, tú que eres ternura y bondad, no permitas que los más pequeños de tu pueblo sean cargados con fardos sin que todos los llevemos con ellos.

NO NOS TRATES, SEÑOR, COMO MERECEN NUESTROS PECADOS.

Señor, tú conoces nuestras impaciencias. Enséñanos a caminar al ritmo de tu Hijo Jesús.

NO NOS TRATES, SEÑOR, COMO MERECEN NUESTROS PECADOS.

Señor, cuando el pobre nos tienda la mano, abre nuestros corazones y danos la alegría de la comunión al compartir nuestros bienes.

NO NOS TRATES, SEÑOR, COMO MERECEN NUESTROS PECADOS.

Se pueden agregar otras peticiones.

Tu Ley, Padre, es el Amor; ayúdanos a querer y a amar lo que tú quieres para nuestra felicidad. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.