Archivos de la Categoria ‘5 Minutos de Oracion en el Hogar’

6
Jun

Pidamos al Padre el Don del Espíritu Santo

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Lecturas para este día: Hechos 25: 13-21. Juan 21: 25-29.

¨El Señor puso en el cielo su trono su soberanía gobierna el universo. Bendigan al Señor, ángeles suyos; poderosos ejecutores de sus órdenes¨. Salmo 102

Preparándonos a celebrar Pentecostés el próximo Domingo, pidamos al Padre el Don del Espíritu Santo, para nosotros y para todos los hombres, especialmente para los que más los necesitan.

Digámosle: Danos, Señor, tu Espíritu, para que la Iglesia esté siempre animada por el Espíritu; para que los que dudan se sientan iluminados por el Espíritu; para que los que temen se sientan confortados por el Espíritu; para los que sufren se sientan consolados por el Espíritu; para los que viven esclavizados sientan la liberación del Espíritu; para los que están divididos se dejen reconciliar por el Espíritu; para que todos tengamos sed del Espíritu; para que todos tengamos sed del Espíritu y encontremos la Fuente en Cristo y en nuestro propio corazón.

Por supuesto que nuestro mundo necesita del Espíritu, pero no lo sabe. Vayamos entonces, al mundo para darle la Buena Noticia del Espíritu Santo, que es Luz y Fuerza, que es Paz y Amor, que es el Alma de todas las cosas. Vayamos al mundo y pongamos paz donde hay odios y guerras; alegría donde encontremos tristeza, esperanza donde veamos desaliento y pesimismo; ideales donde tropecemos con gente materializada y consumista; fortaleza donde observemos miedos y cansancios; fe donde notemos dudas e incredulidad; austeridad donde haya despilfarro; amor donde haya egoísmo y mezquindad.

Y animemos a todos a soñar por un mundo nuevo, a trabajar por un mundo más justo y solidario, a ser más sensible ante el sufrimiento de los demás, a respetar y cultivar la naturaleza, a globalizar la caridad.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 120: Bendigamos al Señor que es el rey del universo. Aleluya.

5
Jun

El gran sueño de Jesús

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Lecturas para este día: Hechos 22: 30. 23: 6-11. Juan 17: 20-26.

¨Jesús dijo: No sólo te ruego por ellos, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno¨. Juan 17: 20.

En Cristo desaparecen los antagonismos de raza, religión, cultura y clase social. Ya no hay blanco o negro, americano o africano, árabe o chino. Ya no hay joven o anciano, intelectual o analfabeto, rico o pobre, católico o protestante. Unidos a Cristo, las diferencias se integran, pero no desaparecen.

Éste era el gran sueño de Jesús y ¡qué lejos estamos! No sólo no somos uno, sino que no estamos unidos. Por todas partes vemos que se rompen el entendimiento y la concordia. Prevalecen las actitudes de intolerancia, rivalidad y rechazo. Se imponen las agresiones y los odios, las guerras y las venganzas. Triunfan los halcones, se esconden las palomas.

También en las familias constatamos las divisiones y las rupturas, las riñas y las infidelidades, el frío y la soledad, sin hablar de hechos más crueles.

Tampoco en la Iglesia somos capaces de unirnos en la verdad y en el amor. Rivalizamos unos con otros. Hay posturas, criterios, actitudes tan distintas que parecen vivir en oposición.

Hoy debemos reconocer nuestra incoherencia, porque no vivimos lo que profesamos y celebramos. Comulgamos, pero no nos comunicamos. Partimos el mismo pan, pero no compartimos ni nos partimos. Tomamos la comunión, pero sin vivir la común unión. Unidos todos a Cristo, pero sin conocernos unos a otros, o rivalizando unos con otros.

Hemos de acogernos una vez más a la misericordia de Cristo. Que siga teniendo paciencia con sus discípulos, torpes y necios. Que nos perdone, nos pode y purifique, nos ¨espiritualice¨. Y que el Espíritu de vida haga de nosotros profetas de solidaridad y artífices de unidad, en la Iglesia y en el mundo.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 15: Enséñanos, Señor, el camino de la vida.

4
Jun

El poder es una falsa identidad

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Lecturas para este día: Hechos 20: 28-38. Juan 17: 11-19.

¨Jesús dijo: Padre Santo… no te ruego que los retires del mundo, sino que los libres del mal¨. Juan 17: 11-19.

Jesús ora al Padre por nosotros, para que el ¨mundo¨ no nos ¨trague¨ y lleguemos a pensar y actuar como el mundo nos propone.

Por ejemplo, tal vez no nos preguntemos explícitamente ¿Quién soy?. Y las tres respuestas que damos, por lo general, son éstas: ¨Somos lo que hacemos, somos lo que los otros dicen de nosotros, somos lo que tenemos¨, o con otras palabras: ¨Somos nuestro éxito, nuestra popularidad, nuestro poder¨.

Por este peligro es importante que nos demos cuenta de la fragilidad de una vida que dependa del éxito, de la popularidad y del poder. Su fragilidad deriva del hecho que los tres son factores eternos, unos factores que podemos controlar de un modo bastante limitado. Perder el trabajo, la fama o la riqueza depende, muchas veces, de acontecimientos que escapan por completo a nuestro control; ahora bien, cuando dependemos de ellos, nos hemos ¨malvendido¨ al mundo, porque SOMOS lo que el mundo nos da. Y la muerte nos quita todo eso.

La afirmación final se convierte en ésta: ¨Cuando muramos, estaremos muertos¨, porque cuando muramos no podremos hacer ninguna otra cosa, la gente ya no hablará de nosotros y ya no tendremos nada. Cuando somos lo que el mundo hace de nosotros, no podremos serlo después de haber dejado este mundo. Jesús vino a anunciarnos que una identidad basada en el éxito, en la popularidad y el poder es una falsa identidad: Es una ilusión.

Jesús ora al Padre y está con nosotros todos los días, para que el ¨mundo¨ no nos convierta en cosas, sino en hijos de Dios… ¡si te dejas!

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Del Salmo 67: Reyes de la tierra, canten al Señor. Aleluya.

3
Jun

Qué es el cielo? Dónde está? Cómo será?

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Lecturas para este día: Hechos 20: 17-27. Juan 17: 1-11.

¨Dijo Jesús: Está es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo¨. Juan 17: 2.

¿Qué es el cielo?
¿Dónde está?
¿Cómo será?
Soñamos con él tantas veces.

¿Cómo será nuestra vida en el Paraíso?
Tendríamos que tener algún punto de referencia aquí entre nosotros, pero la tierra ciertamente no es el cielo, lo que aquí vemos se parece más a las estampas del infierno. Y lo vemos no sólo en películas, sino en la contínua realidad.

¿Hay algún día sin noticias de lágrimas, de sangre, de terror? Y está también la enfermedad, la soledad, el vicio y la esclavitud, el vacío y el sin sentido. Hay un exceso de maldad y de sufrimiento en el mundo.

Pero ésa no es toda la verdad. Hay también páginas de cielo en nuestra tierra. Sobre todo desde que Jesucristo se encarnó, fue como si el cielo aterrizara entre nosotros.

¿No te has encontrado alguna vez en el cielo?
Cuando estás bien contigo mismo, y sientes una paz muy grande; cuando te encuentras bien en tu familia, aceptado y querido más de lo que mereces; cuando te encuentras bien en tu trabajo y profesión, y encuentras sentido a tu vida, y haces bien aun sin darte cuenta; cuando te encuentras bien en el servicio y en el compromiso solidario, y sientes que más que lo das es lo que das es lo que recibes, y te vas llenando de frutos; cuando te encuentras bien en la amistad y en la relación, y valoras la cercanía desinteresada y alegre; cuando te encuentras bien en tu esfuerzo por compartir tus dones con los demás; cuando te encuentras bien en la oración y te sientes habitado y alentado con la Palabra y alentado por el Espíritu; y en tantas ocasiones que te sientes lleno de luz bondad, de amor y dicha, y cada vez que sabes apreciar el misterio de la vida misma.

Nuestro compromiso es hacer de la tierra el mayor cielo posible, sembrar semillas de cielo, de Reino de Dios.

Reflexión y comentarios…

2
Jun

Sin el Espíritu no podemos confiar

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Lecturas para este día: Hechos 19: 1-8. Juan 16: 29-33.

¨En el mundo tendrán luchas; pero tengan valor, yo he vencido al mundo¨.  Juan 16: 33.

Jesús resucitado ¨Asciende¨ al cielo, se queda entre nosotros, con la presencia del Espíritu Santo. Toca ahora a nosotros invocar insistentemente su presencia sobre todos los que creen y los que aman. Pues sin él, no podemos creer tantos misterios, no podemos dar respuesta a tantas dudas, no podemos resistir a un ambiente tan ¨pagano¨, no entenderíamos las Escrituras. Sin el Espíritu no podemos confiar, nos llenamos de temores, dudamos que Dios nos perdone, que nos quiera.

Tenemos miedo a la vida, al trabajo, al futuro, a la enfermedad, a la vejez, a la muerte. Terminamos teniendo miedo unos de otros, desconfiando. Sin el Espíritu nuestra oración se vuelve monótona, fría, interesada, hacemos ritos, oraciones y liturgias pero para asegurarnos la protección de ¨arriba¨ o conquistar el cielo.

¡Cómo no sentimos la necesidad de esta fuerza!, la fuerza que transforma a los que empuja a los misioneros, que estimula a los profetas y sostiene a los mártires. Necesitamos de esa fuerza que vence todos los miedos, que levanta todos los decaimientos, que supera todas las dificultades.

Nosotros, que palpamos constantemente nuestra debilidad y flaqueza, nos dejamos seducir, nos cansamos enseguida, nos asustamos ante cualquier riesgo o dificultad, caemos una y otra vez. Por eso no nos debemos de cansar de pedir el don de la fortaleza del Espíritu Santo, le llamamos también Amor de Dios. Dedo de Dios, toca nuestra debilidad. Corazón de Dios, enciende nuestra frialdad.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 67: Cantemos a Dios un canto de alabanza. Aleluya.