Archivos de la Categoria ‘5 Minutos de Oracion en el Hogar’

1
Jul

Te seguiré adonde vayas

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Lecturas para este día: Amós 3: 1-8. 11-12. Mateo 8: 23-27.

¨Maestro, te seguiré adonde vayas¨. Mateo 8: 18.

Un río, durante su tranquilo correr hacia el mar, se encontró con un desierto y se detuvo. Ante él ahora tenía sólo rocas desparramadas por doquier y cavernas escondidas, inmensas dunas de arena que se perdían en el horizonte. Al río le invadió un gran temor. ¨Es mi fin¨. No lograré atravesar este desierto. La arena absorberá mi agua y yo desapareceré. Lentamente las aguas comenzaron a hundirse, el río se estaba convirtiendo en un pantano y estaba muriendo. Pero el viento había escuchado sus lamentos y decidió salvarle la vida. Le sugirió: ¨Déjate calentar por el sol, subirás al cielo en forma de vapor de agua. Lo demás, déjamelo a mí¨. El río lleno de miedo le contestó: ¨Yo estoy hecho para correr entre dos partes de tierra, líquido, pacífico y majestuoso. No estoy hecho para volar por los aires¨. El viento respondió: ¨No tengas miedo. Cuando asciendas al cielo en forma de vapor de agua, te convertirás en una nube. Yo te transportaré más allá del desierto y tú podrás caer otra vez sobre la tierra firme, volverás a ser un río y llegarás hasta el mar¨. Pero el río tenía mucho miedo y fue devorado por el desierto…
Muchas personas han olvidado que sólo hay un modo para superar los imprevistos desiertos de los sentimientos y las arideces feroces que nos invaden muchas veces en el tranquilo fluir de nuestra existencia. Es la vida espiritual. Es dejarse transformar por el Sol que es Dios y dejarse transportar por el Viento del Espíritu. Pero es un riesgo que pocos aceptan correr. ¿Te animas?

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Del Salmo 102: Enséñame, Señor, tu santidad.

30
Jun

La vida ordinaria de Dios

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Lecturas para este día: Amós 2: 6-10. 13–16. Mateo 8: 18-22.

¨Tú, sígueme¨. Mateo 8: 18-22.

Lo ordinario es lo más común, lo regular, lo que sucede habitualmente. Así es y así discurre la mayor parte del tiempo de nuestra vida, en ese rutinario y monótono día a día, que a veces hasta se nos hace mecánico y del que tantas veces sentimos la tentación de huir y escapar.

En cambio, así de habitual, regular y común es también la acción de Dios en nuestra vida. Piensa que tu día a día es también el día a día de Dios, que tu vida ordinaria es también la vida ordinaria de Dios. Porque es ahí donde Dios te da y es de esa manera, tan común y tan simple en sus formas, como Dios te va dando a conocer su voluntad.

Una llamada inesperada, un imprevisto, una conversación, el madrugón para ir a trabajo, el tráfico congestionado o el autobús que se me escapa, ese que se cuela en la cola del cajero cuando más prisa tengo, son ocasiones preciosas para un ofrecimiento o un momento de oración, un acto de amor o de acción de gracias, un acto de fe en Dios, una pequeña renuncia o mortificación.

Tendremos naturalmente a buscar esa irresistible fascinación de lo espectacular y aparatoso, de lo extraordinario y fuera de lo común, haciendo del milagro o de la lotería casi un ideal. Nada más ajeno al estilo del Evangelio. Piensa que la encarnación es un Dios que se hace carne de niño, que la redención se realiza en el aparente y estrepitoso fracaso de una cruz o que el gran prodigio de la Eucaristía gravita sobre un poco de pan y un poco de vino.

Tu santidad será más real cuanto más crezca hundida y escondida, como grano fecundo, en la tierra árida y dura de tu vida cotidiana. Ahí estás llamado a impregnar todas las cosas, personas y circunstancias de una profunda visión de fe, capaz de llenar todo y en todo ese susurro de cielo que es Dios presente en tu vida. Descubre y renueva el valor de ese pequeño día a día de tu vida que resultará tanto más extraordinario cuanto más sepas llenarlo de Dios…

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27
Jun

El Señor es compasivo y misericordioso

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Lecturas para este día: Deuteronomio 7: 6-11. 1 Juan 5: 7-16. Mateo 11: 25-30.

¨Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados por la carga, yo les daré descanso¨. Mateo 11: 25.

¡Sagrado Corazón de Jesús, Salvador y Señor mío Jesucristo! Crean en mí el deseo de buscarte, y buscándote encontrarte, y encontrándote, dame que te ame a fin de redimir mis pecados pasados y poder plantar con tu gracia todas las virtudes. Apaga en mí todos los afectos y deseos desordenados, y enciende en mi corazón la llama de tu amor. Quítame el espíritu e instinto de soberbia, de vanagloria y presunción y dame el tesoro de la humildad. Destruye en mí la mentira, el fingimiento y toda acción hipócrita y dame amar la verdad, decir siempre la verdad y vivir en la verdad.

Quítame la inconstancia en el bien emprendido y en el trabajo obligado. Destruye en mí la glotonería, la murmuración, la codicia de bienes, de aprecios mundanos y afectos desordenados, el feo vicio de la adulación, el juicio no necesario, la contumacia en la propia opinión y decisión, la ociosidad y el mal empleo del tiempo, la severidad impulsiva con los hermanos, la impiedad con la familia y allegados.

Dígnate compadecerte de mí como buen samaritano y concédeme: La misericordia entrañable, ser diligente y generoso en atender a los pobres, perdonar de corazón a los que contra mí pecan, paciencia y serenidad en las adversidades y templanza en las prosperidades y recibir humilde el perdón que me ofrezcan. Sé tú el guardián de mi boca y el centinela de mis afectos. Destruye sobre todo la imagen engañosa e irreal de mí mismo y de la propia estima.

Y haz que tenga bajo mis pies todas las cosas terrenas y esté deseoso y sediento de las del cielo. Dame el vacío de mí mismo y la plenitud de tu presencia. (San Agustín).

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Del Salmo 102: El Señor es compasivo y misericordioso.

26
Jun

Madre Teresa comprendió el ministerio de Jesús

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Lecturas para este día: 2 Reyes 24: 8-17. Mateo 7: 21-29.

¨No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre¨. Mateo 7: 21. 

Todos quisiéramos llegar a la cima. Pero preferimos caminar cuesta abajo.
Todos quisiéramos llegar lejos. Pero preferimos caminar despacio.
Todos quisiéramos llegar pronto. Pero preferimos caminar sin prisas.
Todos quisiéramos saberlo todo. Pero preferimos estudiar poco.
Todos quisiéramos tener grandes éxitos. Pero preferimos el mínimo esfuerzo.

Sin esfuerzo, nadie logra grandes cosas.
Sin riesgo, sólo experimentaremos lo fácil.
Cuesta abajo, nunca se puede subir muy alto.
Cuesta abajo, las cimas se alejan.
Cuesta abajo, se requiere menos esfuerzos. Pero nunca llegan a las alturas.

Cuentan que un Francisco fue designado como guía de Madre Teresa de Calcuta durante su visita a Australia. Entusiasmado e ilusionado por la oportunidad de estar cerca de esta gran mujer, soñaba con aprender mucho en su compañía. Durante la visita la Madre Teresa estaba tan solicitada por todos que no tuvo tiempo para conversar. Cuando terminó la visita se dirigía a Nueva Guinea y el P. Franciscano le preguntó:
¿Si me pago el billete puedo acompañarla y sentarme a su lado y aprender sus enseñanzas?

Madre Teresa le contestó:
Si tienes dinero para el viaje, da el dinero a los pobres y aprenderás más de lo que yo te pueda enseñar.

Madre Teresa comprendió el ministerio de Jesús, lo hizo suyo y lo puso en práctica.

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Del Salmo 78: Socórrenos, Dios, salvador nuestro.

25
Jun

Jesús nos pone un ¨examen¨

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Lecturas para este día: 2 Reyes 22: 8-13. 23: 1-3. Mateo 7: 15-20.

¨Un árbol bueno no puede dar frutos malos, y un árbol malo no puede dar frutos buenos. Por sus frutos los conocerán¨. Mateo 7: 18.

Decimos que somos ¨cristianos¨ que estamos unidos a Dios, pero Jesús mismo nos pone un ¨examen¨. Nuestros ¨frutos¨, nuestras obras buenas demostrarán lo que somos.

Y para ¨remachar el clavo¨ San Pablo nos pone otro examen para comprobarlo. ¿Quién nos guía?: ¨Hermanos, para ser libres nos liberó Cristo. Pero no tomen la libertad como pretexto para dar rienda suelta a sus instintos, más bien sírvanse los unos a los otros por amor. Porque toda la ley se resume en este solo mandato: ¨Ama a tu prójimo como a ti mismo¨.

Tengan cuidado, porque si ustedes se muerden y se comen unos a otros, llegarán a destruirse entre ustedes mismos. Si el Espíritu los guía a ustedes, entonces ya no estarán sometidos a la ley. Es fácil ver lo que hacen quienes siguen los malos deseos (¨las obras de la carne¨): Cometen inmoralidades sexuales, hacen cosas impuras y viciosas, adoran ídolos y practican la brujería. Mantienen odios, discordias y celos. Se enojan fácilmente, causan rivalidades, divisiones y partidismos. Son envidiosos, borrachos, glotones y otras cosas parecidas.

Les advierto a ustedes que los que así se portan no tendrán parte en el reino de Dios. En cambio, el fruto del Espíritu (lo que el Espíritu produce¨) es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Si ahora vivimos por el Espíritu, dejemos también que el Espíritu nos guíe.

No seamos orgullosos, ni sembremos rivalidades y envidias entre nosotros¨ (Gálatas 5: 1-26).

¿A ti, quién te guía?

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