Archivos de la Categoria ‘5 Minutos de Oracion en el Hogar’

4
Mar

La verdadera voz del amor

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Lecturas para este día: Oseas 14: 2-10; Marcos 12: 28-34.

“Dice el Señor Dios: Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste con tu pecado¨. Oseas 14: 2.

Jesús me hizo ver claro que yo también puedo escuchar la misma voz que él escucho en le río Jordán y en el Monte Tabor. Me hizo ver claro que yo, lo mismo que Él, tengo mi casa junto al Padre. Pidiendo al Padre por sus discípulos, dice: ¨Ellos no pertenecen al mundo, como tampoco pertenezco yo. Haz que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad. Yo los he enviado al mundo como tú me enviaste a mí. Por ellos yo me ofrezco enteramente a ti, para que también ellos se ofrezcan enteramente por medio de la verdad¨(Juan 17: 16-19). Estas palabras revelan cuál es mi verdadero hogar, mi auténtica morada, mi casa. La fe es la que me hace confiar en que el hogar siempre ha estado allí y en que siempre estará allí. Entonces nos damos cuenta de que hemos abandonado el hogar una y otra vez. ¡Hemos huido de las manos benditas y hemos corrido hacia lugares lejanos en busca de amor!

Ésta es la gran tragedia de nuestra vida. De alguna forma, nos hemos vuelto sordos a la voz que nos llama, hemos abandonado el único lugar donde podemos oír esa voz, y nos hemos marchado esperando desesperadamente encontrar en algún otro lugar lo que ya no éramos capaces de encontrar en algún otro lugar lo que ya no éramos capaces de encontrar en casa. Al principio todo esto suena increíble.

¿Por qué íbamos a dejar el lugar donde podemos escuchar todo lo que necesitamos oír?

La verdadera voz del amor es una voz muy suave y amable que me habla desde los lugares más recónditos de mi ser. Es una voz que sólo puede ser escuchada por aquellos que se dejan tocar.

Del Salmo 80: Yo soy tu Dios, escúchame.

Reflexión y comentarios…

3
Mar

La voz del amor

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Lecturas para este día: Jeremías 7: 23-28. Lucas 11: 14-23.

¨Ojalá escuches hoy su voz: No endurezcan su corazón¨. Salmo 94.

El hijo menor recogió todas sus cosas, se marchó a un país lejano…

Que el ¨hijo pródigo¨ deje su hogar, es mucho más que un simple acontecimiento. Es la negación de la realidad espiritual de que pertenezco a Dios con todo mi ser, de que Dios me tiene a salvo en un abrazo eterno, de que estoy grabado en las palmas de las manos de Dios y de que estoy escondido en sus sombras.

Dejar el hogar significa ignorar la verdad de que Dios me ha moldeado en secreto, me ha formado en las profundidades de la tierra y me ha tejido en el seno de mi madre (Salmo 139: 13-15).

Dejar el hogar significa vivir como si no tuviera casa y tuviera que ir de un lado a otro tratando de encontrar una.

El hogar es el centro de mi ser, allí donde puedo oír la voz que dice: ¨Tú eres mi hijo amado¨, en quien me complazco¨, la misma voz que habla a todos los hijos de Dios y los libera de tener que vivir en un mundo oscuro, haciendo que permanezcan en la luz.

Yo he oído esa voz. Me habló en el pasado y continuá hablándome ahora. Es la voz del amor que no deja de llamar, que habla desde la eternidad y que da vida y amor dondequiera que es escuchada. Cuando la oigo, sé que estoy en casa con Dios y que no tengo que temer miedo a nada.

Como el Amado de mi Padre celestial, ¨aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré¨(Salmo 23: 4).

Como el Amado, puedo curar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los leprosos, arrojar a los demonios (Mateo 10: 8).

Como el Amado, puedo enfrentarme a cualquier cosa, consolar, amonestar, y animar sin miedo a ser rechazado y sin necesidad de afirmación.

Como el Amado, puedo sufrir persecución sin sentir deseos de venganza, y recibir alabanzas sin tener que utilizarlas como prueba de mi bondad…

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1
Mar

Carta Apóstolica: Misericordiae Vultus

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Lecturas para este día: Daniel 3: 25. 34-43; Mateo 18: 21-35.

¨Señor, Dios nuestro: Por el honor de tu nombre; no apartes de nosotros tu misericordia¨. Daniel 3: 25.

Queremos, en esta Cuaresma, siguiendo la invitación del Papa Francisco, en su Carta Apóstolica: Misericordiae Vultus, reflexionar acerca de esta Misericordia del Padre por nosotros. Dice el Papa: ¨Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación: Misericordia es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad.

Misericordia: Es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro.

Misericordia: Es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida.

Misericordia: Es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.

Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por esto que he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes.

Este Año Santo lleva consigo la riqueza de la misión de Jesús: Llevar una palabra y un gesto de consolación a los pobres, anunciar la liberación a cuantos están prisioneros de las nuevas esclavitudes de la sociedad moderna, restituir la vista a quien no puede ver más porque se ha replegado sobre sí mismo, y volver a dar dignidad a cuantos han sido privados de ella.

Del Salmo 24: Sálvanos, Señor, tú que eres misericordioso.

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29
Feb

La mano del Señor en nuestra vida

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Lecturas para este día: 2 Reyes 5: 1-15. Lucas 4: 24-30.

¨Muchos leprosos había en Israel, pero ninguno fue curado, más que Naamán, el sirio¨. Lucas 4: 24-30.

El adorar es una forma de agradecer al Señor por estar con nosotros más cerca de lo que cualquier otro amigo podría estarlo alguna vez. En el corazón mismo de la adoración y la alabanza está la acción de gracias, la gratitud al Señor por todo lo que hace y es.

Con la adoración reconocemos la mano del Señor en nuestra vida y le decimos cuán contentos estamos por ello. Es sencillo y espontáneo, como las gracias expresadas a un padre por un niño que acaba de pescar su primer pez: ¨Gracias por traerme a pescar, papá. ¨Hay tanto dentro de estas palabras atesoradas durante años por el padre, y se convierten en el punto culminante del viaje.

En el corazón mismo de la adoración y la alabanza está la acción de gracias, gratitud al Señor por todo lo que ha hecho y por todo lo que es. La adoración no es el reconocimiento de un desconocido; es el agradecimiento de un niño para quien el padre ha dispuesto y hecho muchas otras cosas. Aunque el niño en realidad nada sabe sobre las preocupaciones para el viaje, mucho menos para la vida diaria en el hogar una vez que hayan regresado, el padre considera las simples gracias como la suficiente recompensa por todo.

Casi ninguna otra cosa puede hacer que un padre sienta tan exitoso en su vida. Así es como Dios recibe nuestra adoración. Es como decir: ¨Gracias, Papá. Te amo. Hoy te diré gracias, Padre bueno, por todo lo que has hecho por mí¨.

Del Salmo 41: Estoy sediento del Dios que da la vida.

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26
Feb

El perdón lo pone Dios

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Lecturas para este día: Génesis 37: 3-4. 12-13. 17-28; Mateo 21: 33-43.

¨Éste es el heredero: Vengan, lo mataremos¨. Mateo 21: 33-43. 45-46.

En esos corazones de José y de Jerucristo, hay amor que finalmente les da la victoria. El que tenga, el que logra, el que reciba y el que cultive un amor como el de ellos vencerá todos los pozos, superará todas las esclavitudes, saldrá de todos los sepulcros. Esa calidad se conoce en la capacidad de intercesión y de misericordia para con los enemigos. En un estudio realizado sobre los mártires de la guerra civil española en Valencia, que son más de 260 canonizados, se ha llegado a una curiosa coincidencia: Hay entre ellos, personas de muchas condiciones y oficios diferentes, aunque abundan clérigos. Unos murieron a tiros, otros de hambre; otros quemados, troceados, despeñados; en público y en secreto; en la ciudad y en los pueblos… Pero hay algo común a TODOS ellos: Todos murieron perdonando.

Y es que el perdón lo pone Dios en los corazones… Es un acto de amor desinteresado en el que nos damos un regalo de paz interior a nosotros mismos y le damos un regalo de misericordia ofensor, sin esperar nada a cambio. No exige recíprocidad y, por eso mismo, perdonamos al otro aunque creamos que él no se lo merezca o no haya hecho nada para ganarse nuestro perdón, tal como lo hizo el Papa Juan II con Alí Acja quien intento matarlo.

Sencillamente decidimos perdonar porque sentirnos muy adentro que Dios nos da fuerzas, que el resentimiento nos asfixia y que al hacerlo ganamos todos.

Del Salmo 104: Recordemos las maravillas que hizo el Señor.

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