Archivos de la Categoria ‘5 Minutos de Oracion en el Hogar’

5
Mar

Dichoso el hombre que confía en el Señor

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Lecturas para este día: Jeremías 17: 5-10. Lucas 16: 19-31.

¨Dichoso el hombre que confía en el Señor¨. Salmo 1.

Pero hay muchas otras voces, voces fuertes, voces llenas de promesas muy seductoras. Estas voces dicen: ¨Sal y demuestra que vales¨.

Poco después de que Jesús escuchara la voz llamándole ¨mi hijo amado¨, fue conducido al desierto para que escuchara aquellas otras voces. Le decían que demostrara que merecía ser amado, que merecía tener éxito, fama y poder. Estas voces no son desconocidas para mí. Siempre están ahí, y siempre llegan a lo más íntimo de mí mismo, allá donde me cuestiono mi bondad y donde dudo de mi valía. Me sugieren que tengo que ganarme el derecho a que se me ame, a través de una serie de esfuerzos y de un trabajo muy duro. Quieren que me demuestre a mí mismo y a los demás que merezco que se me quiera, y me empujan a que haga todo lo posible para que se me acepte. Niegan que el amor sea un regalo completamente gratuito.

Dejo el hogar cada vez que me pierdo la fe en la voz que me llama y hago caso de las voces que me ofrecen una inmensa variedad de formas para ganar el amor que tanto deseo. Hemos escuchado estas voces casi desde siempre. Me han llegado a través de mis padres, mis amigos, mis maestros, y mis colegas, pero sobre todo, me han llegado, y todavía me llegan, a través de los medios de comunicación que me rodean. Y dicen: ¨Demuéstrame que eres un buen chico. ¡Y mejor todavía si eres mejor que tu amigo! ¿Qué tal tus notas? ¡Estoy seguro de que lo que hagas lo harás por ti mismo! ¿Qué contactos tienes? ¿Estás seguro de que quieres ser amigo de esa gente? ¡No descubras cuáles son tus debilidades porque te utilizarán! ¿Ya lo has arreglado todo para cuando te jubiles? ¡Cuando dejas de producir, dejas de interesar a la gente! ¡Cuando estás muerto, estás muerto!¨

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4
Mar

La gran tragedia de nuestra vida

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Lecturas para este día: Jeremías 18: 18-20. Mateo 20: 17-28.

¨El que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor¨. Mateo 20: 25.

Jesús me hizo ver claro que yo también puedo escuchar la misma voz que Él escuchó en el río Jordán y en el Monte Tabor. Me hizo ver claro que yo, lo mismo que Él, tengo mi casa junto al Padre.

Pidiendo al Padre por sus discípulos, dice: ¨Ellos no pertenecen al mundo, como tampoco pertenezco yo. Haz que ellos sean completamente tuyos por medio de la verdad; tu palabra es la verdad. Yo los he enviado al mundo como tú me enviaste a mí. Por ellos yo me ofrezco enteramente a ti, para que también ellos se ofrezcan enteramente a ti por medio de la verdad¨. (Juan 17: 16-19).

Estas palabras revelan cuál es mi verdadero hogar, mi auténtica morada, mi casa. La fe es la que me hace confiar en que el hogar siempre ha estado allí y en que siempre estará allí. Entonces nos damos cuenta de que hemos abandonado el hogar una y otra vez.

¡Hemos huido de las manos benditas y hemos corrido hacia lugares lejanos en busca de amor!

Ésta es la gran tragedia de nuestra vida. De alguna forma, nos hemos vuelto sordos a la voz que nos llama, hemos abandonado el único lugar donde podemos oír esa voz, y nos hemos marchado esperando desesperadamente encontrar en algún otro lugar lo que ya no éramos capaces de encontrar en casa.

Al principio todo esto suena increíble. ¿Por que ibamos a dejar el lugar donde podemos escuchar todo lo que necesitamos oír?

La verdadera voz del amor es una voz muy suave y amable que me habla desde los lugares más recónditos de mi ser. Es una voz que sólo puede ser escuchada por aquéllos que se dejan tocar.

Del Salmo 30: Sálvame, Señor, por tu misericordia.

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3
Mar

La negación de la realidad espiritual

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Lecturas para este día: Isaías 1: 10. 16-20. Mateo 23: 1-12.

¨El que se enaltece, será humillado, y el que se humilla será enaltecido¨. Mateo 23: 1.

El Hijo menor recogió todas sus cosas, se marchó a un país lejano… Que el ¨hijo pródigo¨ deje su hogar, es mucho más que un simple acontecimiento. Es la negación de la realidad espiritual de que pertenezco a Dios con todo mi ser, de que Dios me tiene a salvo en un abrazo eterno, de que estoy grabado en las palmas de las manos de Dios y de que estoy escondido en sus sombras.

Dejar el hogar significa ignorar la verdad de que Dios me ha moldeado en secreto, me ha formado en las profundidades de la tierra y me ha tejido en el seno de mi madre (Salmo 139: 13-15).

Dejar el hogar significa vivir como si no tuviera casa y tuviera que ir de un lado a otro tratando de encontrar una.

El hogar es el centro de mi ser, allí donde puedo oír la voz que dice: ¨Tú eres mi hijo amado¨, en quien me complazco, la misma voz que habla a todos los hijos de Dios y los libera de tener que vivir en un mundo oscuro, haciendo que permanezcan en la luz. Yo he oído esa voz. Me habló en el pasado y continúa hablándome ahora. Es la voz del amor que no deja de llamar, que habla desde la eternidad y que da vida y amor dondequiera que es escuchada. Cuando lo oigo, sé que estoy en casa de Dios y que no tengo que tener miedo a nada. Como el Amado de mi Padre Celestial, ¨aunque pase por un valle tenebroso, ningún mal temeré¨(Salmo 23: 4).

Como el Amado, puedo curar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los leprosos, arrojar a los demonios (Mateo 10: 8). Como el Amado, puedo enfrentarme a cualquier cosa, consolar, amonestar, y animar sin miedo a ser rechazado y sin necesidad de afirmación. Como el Amado, puedo sufrir persecución sin sentir deseos de venganza, y recibir alabanzas sin tener que utilizarlas como prueba de mi bondad…

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2
Mar

Viaje hacia los brazos misericordiosos del Padre

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Lecturas para este día: Daniel 9: 4-10. Lucas 6: 36-38.

Dejarnos abrazar por el amor misericordioso del Padre. Los invito a realizar, en esta Cuaresma, y a través de las reflexiones de cada día en este folleto, de manera continua cada día, de este importantísimo viaje hacia los brazos misericordiosos del Padre, teniendo como referencia el texto bíblico de la llamada ¨parábola del hijo pródigo¨, donde retrata admirablemente este amor del Padre por nosotros y reflexionada por el Padre Henri J. M. Noumen.

La historia la podemos releer en este texto del Evangelio de Lucas 15: 11-32.

¨Un hombre tenía dos hijos. Y el menor dijo a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde. Y el padre les repartió el patrimonio. A los pocos días el hijo menor recogió todas sus cosas, se marchó a un país lejano y allí despilfarró toda su fortuna viviendo como un libertino¨. Para empezar, y de acuerdo a las costumbres de la época, reclamar la herencia era equivalente a desear la muerte del padre. Porque aunque el padre repartiera la herencia entre los hijos, todavía podía tener derecho a vivir de los beneficios, mientras viviera. El hijo, le está diciendo: No puedo esperar a que te mueras. Es un acto ofensivo porque supone rechazar el hogar en el que el hijo nació y fue alimentado, es una ruptura con la tradición más preciosa mantenida cuidadosamente por la gran comunidad de la que él formaba parte. Es un corte drástico con la forma de vivir, de pensar y de actuar que le había sido transmitida de generación en generación como un legado sagrado. Más que una falta de respeto es una traición a los valores de la familia y de la comunidad. El ¨país lejano¨ al que se marcha, es el mundo en el que se ignora todo lo que en casa se considera sagrado.

Del Salmo 78: No nos trates, Señor, como merecen nuestros pecados.

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27
Feb

Le dio el beso de la paz y de la reconciliación

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Lecturas para este día: Ezequiel 18: 21-28. Mateo 5: 20-26.

¨Vete primero a reconciliarte con tu hermano¨. Mateo 5: 20-26.

Matilde, reina de Alemania, está ante el rey Oto, su hijo, con sencillez, cubierta con el velo de viuda, pide al rey que perdone el crimen de Enrique, su hijo, está preso por haber organizado una rebelión contra el rey. Este crimen traía consigo la muerte.

La respuesta fue dura: –

Madre mía, no puedo conceder lo que pides. Eso sería contra mi autoridad, debilitaría el régimen. Ya lo he perdonado dos veces. Es suficiente.

Noche de Navidad; misa solemne y festiva, con la presencia del rey. ¨Señor, ten piedad de nosotros¨, cantan las voces del coro. En ese momento, entra un hombre con traje de prisionero, acompañado por una mujer de rostro pálido que se arrodilla ante el rey. Asombro entre todos los que están en la iglesia. Ella pide:
– Rey Oto, tu hermano Enrique, que pecó contra el cielo y contra ti, pide perdón por el amor del Hijo de Dios, recién nacido. Enfurecido con esta escena fuera de programa, responde el rey: Ya te perdone dos veces. Basta. Dentro de tres días tu cabeza rodará por el suelo. Se escucha una voz en medio del pueblo: ¡Piedad, rey! ¡Piedad, por amor de Dios! ¿Seria acaso la voz de su madre?. Enseguida decenas de voces repitieron lo mismo. Silencio profundo en la asamblea religiosa. Parecía que el mismo cielo aguardaba la respuesta. El rey se inclinó. Después, levantando a su hermano del suelo, le dio el beso de la paz y de la reconciliación.

Del Salmo 129: Perdónanos, Señor, viviremos.

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