Lunes 11 de Marzo de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del Libro del Levítico: 19, 1-2. 11-18.

Del santo Evangelio según san Mateo: 25, 31-46.

Santoral: San Eulogio de Córdoba, presbítero y mártir. San Pionio.

“El juicio final: vengan y apártense”. Mateo 25:31-46.

Vivamos de tal manera que cuando nos llame el Señor nos presentemos a Él, no con las manos vacías, sino llenas de buenas obras.

He escuchado más de una vez, cuando alguien llamado por el Señor al sacerdocio y entrar al Seminario, se comente de él diciendo: “pobrecito, está echando a perder su vida”. Todo lo contrario cuando se hace la voluntad de Dios y se escucha su voz , se gana la vida.

¿Cómo se gana una vida?. Dicen, por ejemplo, que una vida se llena teniendo un hijo, plantando un árbol y escribiendo un libro.

Bueno, yo conozco personas que no hicieron ninguna de esas tres cosas y que han vivido una vida radiante. Y también conozco quienes tuvieron hijos, plantaron árboles y escribieron libros y difícilmente podrían mostrarse realizados.

Porque hay libros que tienen muchas más palabras que ideas. Hijos que sus padres parecen haber recibido solamente la carne y árboles que escasamente producen sombra por no haber sido cuidados. El éxito de la vida tampoco depende del número de años que se vivan.

Un sacerdote en el año 1980 asesinado en Bolivia hizo esta oración: “pasan los años y al mirar atrás vemos que nuestra vida parece haber sido estéril: No mejoramos el mundo, no dejamos huella y nuestro único ideal puede ser llegar a viejos. Estamos ahorrando la vida por egoísmo y cobardía”.

El padre Luis Espinal Jesuita ganó la vida dándola en aras de su fe y muriendo por el Evangelio.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 18: “Tus palabras, Señor, son espíritu y vida”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 9 al 16 de Marzo:

Hermanos, como Abraham nuestro padre en la fe, también nosotros hemos sido llamados a obedecer a Dios. Con toda nuestra fe, invoquémoslo diciendo:

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que todos tus hijos, contemplando a Cristo Resucitado como el término de su camino, sepa creer firmemente en cualquier situación de su vida, que Dios es su Padre.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que tus hijos sometidos a duras pruebas en su cuerpo o en su espíritu, no desesperen de tu providencia.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que especialmente en este tiempo de Cuaresma, una experiencia prolongada de oración, transforme nuestra vida.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que tus hijos enfermos, auxiliados por tu Espíritu les ayude a hacer de su sufrimiento una ofrenda agradable al Señor.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, que no rechazas al que te implora, oye el grito de nuestra oración y danos lo mejor: tu amor y tu fidelidad.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Te damos gracias, Señor, pues por tu Hijo Jesús, has hecho que nazca el sol sobre todos los hombres; y a su luz se han levantado los pecadores y a su calor se han reconciliado los hombres inmovilizados por la dureza de su corazón.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Señor, hemos sido rebeldes, te hemos dado la espalda, pero tú eres Dios de misericordia. Danos tu perdón y cambia nuestros corazones.

TUS PALABRAS, SEÑOR, SON ESPÍRITU Y VIDA.

Se pueden agregar otras peticiones.

Padre, invocamos tu presencia en medio de nosotros; no tengas en cuenta nuestros pecados sino la caridad de tu Hijo, y danos todas las cosas buenas por sus méritos. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.