Martes 5 de Marzo de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del Libro del Sirácide (Eclesiástico): 35, 1-15.

Del santo Evangelio según san Marcos: 10, 28-31.

Santoral: San Teófilo de Cesarea. San Lucio I, Papa.

“Nadie quedará sin premio al dejar a su familia”. Marcos 10:28-31.

Vale la pena hacerle caso al Señor y tener la valentía cristiana de dejar a nuestra familia para hacer una nueva familia. Es la exigencia del matrimonio: no se trata de dejar de querer a los padres, al contrario, cuando se llega a ser padre, se aprende a ser hijo.

Nos duele dejar a los nuestros porque con ellos fuimos felices y ahora tenemos ya casados, la oportunidad de hacer una familia feliz. Sí, hay muchísimas familias felices.

Se habla y se escribe en revistas de que “quien quiera casarse es aspirante a sufrir y candidato a una ruptura con la pareja”.

Es cierto que algunos han llenado de amores fracasados y rupturas su hogar y terminan por buscar la solución en el divorcio. Sin embargo estoy absolutamente convencido de que el número de familias felices es muchísimo mayor que las desgraciadas. No hablo naturalmente, de familias que no tengan problemas o dolores porque esto es imposible. Hablo de aquellas en las que los motivos de alegría superan a los de tristeza y en las que hay fuerza suficiente de cariño para superar las dificultades.

El dolor apenas empaña la felicidad. Lo que ensucia el amor es el aburrimiento y lo destroza. Son familias que se saben levantar cuando alguno de sus miembros ha incurrido en alguna tontería y se perdonan porque se aman. Es necesario que las familias felices expresen y manifiesten su felicidad y haciéndola salir de su hogar.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 49: “Dios salva al que cumple su voluntad”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Marzo:

Hermanos, Dios no quiere la muerte del pecador, sino su conversión a una vida plena. Con un corazón arrepentido y confiado oremos:

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que todos los cristianos, tentados como tu Hijo en el desierto, colaboren cada vez más a la victoria de Cristo sobre el mal.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que en este tiempo de Cuaresma se acreciente en nosotros la solidaridad, como signo e instrumento de tu benevolencia, especialmente con aquellos pueblos afligidos por calamidades naturales.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que en este tiempo de Cuaresma, escuchemos más frecuente y atentamente tu Palabra, para revivir nuestros compromisos bautismales, y practiquemos una oración y caridad efectivas.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que tu Iglesia, viviendo este tiempo favorable de la misericordia de Dios, y por eso tiempo especial de gracia que es la cuaresma, se encuentre dispuesta a purificarse.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que en todas partes donde se viva la Cuaresma y se esfuerzan en escuchar tu Palabra, no cierren su corazón sino que hagan signos de penitencia y se conviertan a ti.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que quienes sufren por cualquier motivo, vean cambiados sus sufrimientos en alegría y paz, y te sirvan con alegría en sus hermanos.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que primero profundicemos en nosotros tu Palabra, para que después demos testimonio de ella.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Se pueden agregar otras peticiones.

Acoge, Padre, las súplicas de tus hijos. Dónanos un corazón penitente para que, renegando de todo egoísmo, nos dejemos conducir a la vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.