Sábado 2 de Marzo de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del Libro del Sirácide (Eclesiástico): 17, 1-13.

Del santo Evangelio según san Marcos: 10,13-16.

Santoral: Santa Inés de Bohemia o de Praga, princesa y abadesa.

“Dejad que los niños vengan a mí”. Marcos 10:13-15.

Así había una mujer que es casada y que como madre está cansada. Sí, cansada de darlo todo por su marido y por sus hijos, trabajar como burra en su casa y no encontrar ni agradecimiento, ni comprensión, ni ayuda.

Ella se quejaba así: siempre al volver del trabajo, e ir corriendo a casa a cuidar a los hijos.

“En contadas ocasiones he tenido ayuda. Nunca se me ha reconocido nada. Mi marido me ha insultado más de una vez y casi casi me corre de la casa. Después de trabajar llego a casa cansada y cargada con la compra, tengo que seguir atendiendo todo: puerta, teléfono todo. Tengo varios hijos, que aunque no son malos, siguen la norma de su padre en dejar todo el trabajo para mí. He llegado hasta pensar en irme de la casa y que se las arreglen solos”.

Pienso que esta madre se quejaba con mucha razón y es que solo cuenta y recuerda las tintas negras de la realidad.

Hay muchas otras páginas que podrían también contarse de manera diferente.

Es cierto que tratar al marido no es fácil y que la carga de los hijos son una cruz.

Es cierto que no son capaces siquiera de limpiar sus zapatos y hacer su cama. Pero en toda familia hay siempre la posibilidad de mejorar y crecer en el amor que se manifiesta trabajando todos por lograrlo.

Y siempre resulta que al final todos descubrimos que nuestra madre ha sido lo mejor de nuestra vida.

No olvidemos entonces que una madre es humana y se cansa.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 102: “La misericordia del Señor, dura para siempre”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Marzo:

Hermanos, Dios no quiere la muerte del pecador, sino su conversión a una vida plena. Con un corazón arrepentido y confiado oremos:

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que todos los cristianos, tentados como tu Hijo en el desierto, colaboren cada vez más a la victoria de Cristo sobre el mal.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que en este tiempo de Cuaresma se acreciente en nosotros la solidaridad, como signo e instrumento de tu benevolencia, especialmente con aquellos pueblos afligidos por calamidades naturales.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que en este tiempo de Cuaresma, escuchemos más frecuente y atentamente tu Palabra, para revivir nuestros compromisos bautismales, y practiquemos una oración y caridad efectivas.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que tu Iglesia, viviendo este tiempo favorable de la misericordia de Dios, y por eso tiempo especial de gracia que es la cuaresma, se encuentre dispuesta a purificarse.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que en todas partes donde se viva la Cuaresma y se esfuerzan en escuchar tu Palabra, no cierren su corazón sino que hagan signos de penitencia y se conviertan a ti.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que quienes sufren por cualquier motivo, vean cambiados sus sufrimientos en alegría y paz, y te sirvan con alegría en sus hermanos.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Señor, que primero profundicemos en nosotros tu Palabra, para que después demos testimonio de ella.

DANOS, SEÑOR, UN CORAZÓN NUEVO.

Se pueden agregar otras peticiones.

Acoge, Padre, las súplicas de tus hijos. Dónanos un corazón penitente para que, renegando de todo egoísmo, nos dejemos conducir a la vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.