Lunes 11 de Febrero de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del Libro del Génesis: 1, 1-19.

Del santo Evangelio según san Marcos: 6, 53-56.

Santoral:

*Nuestra Señora de Lourdes, Advocación Mariana (blanco).

*San Pedro de Jesús Maldonado Lucero, Sacerdote y mártir (rojo).

“En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos”.

Marcos 6:53-56.

“El dolor, que es también otra llaga, es un campo abierto. El resentimiento es como una casa tomada donde vive mucha gente hacinada que no tiene cielo. Mientras que el dolor es como una villa donde también hay hacinamiento, pero se ve el cielo. En otras palabras, el dolor está abierto a la oración, a la ternura a la compañía de un amigo, a mil cosas que a uno lo dignifican. O sea, el dolor es una situación más sana. Así me lo dicta la experiencia”.

“Me gustaría animar a todos los enfermos, a las personas que sufren, a los médicos, enfermeras, familiares y a los voluntarios a que vean en María, Salud de los enfermos, a Aquella que es para todos los seres humanos garante de la ternura del amor de Dios y modelo de abandono a su voluntad”.

“Pidamos pues a la Inmaculada Concepción la gracia de saber siempre ver al enfermo como a una persona que ciertamente, necesita ayuda, a veces incluso para las cosas más básicas, pero que también lleva consigo un don que compartir con los demás”. (Mensaje del Papa Francisco con motivo de la XXV Jornada Mundial dl Enfermo, que se celebró el pasado 11 de febrero de 2017).

Ora hoy por todos los enfermos familiares, amigos o vecinos, en especial de aquellos que nadie se acuerda de ellos, que se sienten solos, tristes y haz el compromiso de visitar a uno en esta semana.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 103: “Bendice al Señor, alma mía”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 8 al 14 de Febrero:

Hermanos, oremos al Señor para que nos de la fuerza de realizar con obras, su Palabra que hemos acogido en nuestro corazón y digámosle:

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, que ningún bien o cosa, nos cierre el corazón en el egoísmo, de modo que nos lleve a olvidarnos de practicar la caridad con nuestros prójimos.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, que “revisando” nuestro corazón nos asustemos de las intenciones que ahí guardamos y acudamos inmediatamente a tu misericordia para ser purificados.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, te damos gracias porque nos has privilegiado con la gracia del Bautismo que nos hace hijos tuyos y miembros de tu pueblo santo: la Iglesia. Que nuestra fe firme, activa y humilde, demuestre este agradecimiento.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, ven en nuestro auxilio y con tu gracia cura todo lo que nos impide demostrarte que te amamos.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, te pedimos por quienes son esclavos del odio y viven ansiando la venganza, para que escuchen las palabras de Jesús que nos invitan al perdón y a la reconciliación.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, que habiendo sido alimentados por tu Pan de Vida, nos arriesguemos a dejar que nos “coma” el prójimo, es decir, que podamos satisfacerlos con lo que somos y tenemos.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Se pueden agregar otras peticiones.

OREMOS: Concédenos, Padre, que, fieles a tu Ley de amor y de perdón, seamos capaces de amar a nuestros hermanos con el mismo corazón de Cristo Jesús, tu Hijo y Señor nuestro. Amén.

Domingo 10 de Febrero de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del Libro del profeta Isaías: 6, 1-2. 3-8.

De la primera Carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 1-11.

Del santo Evangelio según san Lucas: 5, 1-11.

Santoral: Santa Escolástica, virgen.

“Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron”.

Lucas 5:1-11.

La periodista norteamericana Dora Thomson, una persona poco comprometida políticamente y que no pertenece a una confesión religiosa concreta, ha escrito que de los resultados de entrevistas hechas a numerosos prisioneros que salvaron la vida en el horroroso campo de concentración de Da Chu, se desprende algo muy significativo. Ella hacía a todos la misma pregunta: “En medio de aquel infierno que era la vida ahí, tan privada de humanidad, tan brutal y envilecedora ¿quién conservó más largamente la propia humanidad y salud mental?, ¿quiénes olvidándose de la propia miseria y humillación, sirvieron a los demás hombres que sufrían aquel sistema diabólico?, ¿quiénes mantuvieron la propia identidad, la propia dignidad y esperanza… cuando los demás desaparecían de este mundo perdiendo la confianza y la vida?”. La respuesta fue siempre la misma. “Los sacerdotes católicos”.

El Cardenal americano Wright escribía al Primado de Polonia, el heróico Wyszynski:

“Ellos conocían la razón por la que se encontraban allí. Sabían que quedaría sólo su testimonio, su dedicación, su vocación. Sabían que todos esperaban ese testimonio”.

Haz el propósito de acercarte a tu sacerdote, orar por él, para que sea fiel a su vocación, ayúdale en su ministerio y servicio en la comunidad, apoyándolo en sus trabajos.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 137: “Cuando te invocamos, Señor, nos escuchaste.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 8 al 14 de Febrero:

Hermanos, oremos al Señor para que nos de la fuerza de realizar con obras, su Palabra que hemos acogido en nuestro corazón y digámosle:

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, que ningún bien o cosa, nos cierre el corazón en el egoísmo, de modo que nos lleve a olvidarnos de practicar la caridad con nuestros prójimos.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, que “revisando” nuestro corazón nos asustemos de las intenciones que ahí guardamos y acudamos inmediatamente a tu misericordia para ser purificados.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, te damos gracias porque nos has privilegiado con la gracia del Bautismo que nos hace hijos tuyos y miembros de tu pueblo santo: la Iglesia. Que nuestra fe firme, activa y humilde, demuestre este agradecimiento.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, ven en nuestro auxilio y con tu gracia cura todo lo que nos impide demostrarte que te amamos.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, te pedimos por quienes son esclavos del odio y viven ansiando la venganza, para que escuchen las palabras de Jesús que nos invitan al perdón y a la reconciliación.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Señor, que habiendo sido alimentados por tu Pan de Vida, nos arriesguemos a dejar que nos “coma” el prójimo, es decir, que podamos satisfacerlos con lo que somos y tenemos.

BENDITO SEA EL SEÑOR QUE NOS HA DADO LA VIDA.

Se pueden agregar otras peticiones.

OREMOS: Concédenos, Padre, que, fieles a tu Ley de amor y de perdón, seamos capaces de amar a nuestros hermanos con el mismo corazón de Cristo Jesús, tu Hijo y Señor nuestro. Amén.