Miércoles 6 de Febrero de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

De la Carta a los hebreos: 12, 4-7. 11-15.

Del santo Evangelio según san Marcos: 6, 1-6.

Santoral: San Pablo, Miki y compañeros mártires.

Dios nuestro, fortaleza de los santos, que por medio de la cruz te dignaste llamar a la gloria a los santos mártires Pablo Miki y compañeros, concédenos, por su intercesión, que mantengamos firmemente hasta la muerte la fe que profesamos. Por nuestro Señor Jesucristo…

“Por eso, fortalezcan las manos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes y caminen por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará”. Hebreos 12:4-7, 11-15.

El escritor Bruce Marshall tuvo una curiosa conversión al catolicismo. Se había educado en un rígido puritanismo protestante y no estaba acostumbrado a ver cómo se exterioriza la alegría, cosa tan sana y tan propia de un cristiano, que tiene motivos para vivir contento.

Las ceremonias religiosas a las que solía asistir estaban impregnadas de seriedad y de rigidez. Pero he aquí que un día se llevó la gran sorpresa. Asistió por primera vez en su vida a una Misa católica con motivo de la Primera Comunión de un compañero y en medio de la celebración, se le escapó del bolsillo una moneda.

La moneda fue rodando por el pasillo central del templo, ante la mirada curiosa de los presentes y del mismo sacerdote, hasta ir a desaparecer engullida -¡también es mala suerte!- por la única rejilla de la calefacción existente a varios kilómetros a la redonda.

La cosa es que al sacerdote le dio la risa y a los demás feligreses se les contagió la risa del sacerdote. El pequeño Bruce no salía de su asombro y pensó al mismo tiempo: “ésta debe ser la Iglesia verdadera; aquí la gente se ríe”.

Qué diferente serían nuestras comunidades, nuestra Iglesia si los seguidores de Jesús viviéramos nuestra fe y vida cristiana con más generosidad y alegría, descubriendo la presencia de Dios en lo cotidiano.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 102: “El Señor es bueno, el Señor nos ama”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 7 de Febrero:

Hermanos, dirijámonos a Dios, nuestro Padre, que escucha las oraciones de quien se dirige a Él con un corazón humilde, pero lleno de confianza y digámosle:

QUIEN CONFÍA EN EL SEÑOR, NO DESESPERE.

Señor, que al acudir a Ti en la oración, estemos dispuestos a dejarnos transformar, “exorcizar” por ti, de todas nuestras “posesiones”.

QUIEN CONFÍA EN EL SEÑOR, NO DESESPERE.

Señor, te pedimos por quienes todavía no creen, para que la luz del Evangelio les permita conocer que sólo Cristo es el camino, la verdad y la vida.

QUIEN CONFÍA EN EL SEÑOR, NO DESESPERE.

Señor, que nuestra soberbia no nos lleve a la insensatez de preferir renunciar a Ti antes de renunciar a la imagen que nos hemos fabricado de ti.

QUIEN CONFÍA EN EL SEÑOR, NO DESESPERE.

Señor, nos has elegido y enviado como tus discípulos en el mundo, como quienes tendrán que luchar a muerte, día y noche y en todo lugar contra el reino del mal y sus secuaces. Que tu gracia nos sostenga para estar siempre dispuestos a vivir esta misión que nos has confiado.

QUIEN CONFÍA EN EL SEÑOR, NO DESESPERE.

Señor, que nunca desaparezca de nuestras vidas (¡ni de nuestras caras!) la alegría que sentimos por vivir tu Evangelio en medio de las dificultades diarias.

QUIEN CONFÍA EN EL SEÑOR, NO DESESPERE.

Señor, ponemos en tus manos a los pobres, los oprimidos, los que tienen hambre y sed de justiciad; para que encuentre en los cristianos no sólo compasión y caridad, sino una fraterna y activa solidaridad.

QUIEN CONFÍA EN EL SEÑOR, NO DESESPERE.

Se pueden agregar otras peticiones.

OREMOS: Que resplandezca, Señor tu luz en nuestras vidas, en nosotros tus hijos, para que los demás vean nuestras buenas obras, y alaben y agradezcan tu generosidad. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.