Jueves 10 de Enero de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

De la primera carta del apóstol san Juan: 4, 19-5, 4.

Del santo Evangelio según san Lucas: 4, 14-22.

Santoral: San Melquiades, Papa.

“Y hemos recibido de Él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano”. 1 Juan 4:21.

¿Me has acogido?, ¿me has visitado?, ¿me has alimentado?.

Al final de un año nuevo nos examina Jesús. No sobre la teología de la caridad, ni sobre la poesía o la psicología del amor, sino sobre la vivencia del mismo, el amor en acción.

El espíritu con que se hacen las obras de amor: se puede dar en limosna todo lo que se tiene y no tener amor (1Cor13:3). No basta con hacer el bien, hay que hacerlo bien.

¿Me amas?, ¿me amas en los que están cerca de ti, en tu familia, en tu comunidad, en tus compañeros de trabajo, en tus vecinos?.

¿Me amas en los que están lejos de ti, en los inmigrantes, en los necesitados de otros pueblos, en todos los pobres y enfermos y marginados u oprimidos del mundo?.

¿Me amas en los que no te aman, en los que te juzgan mal y te critican, en los que no piensan como tú, en los que no te caen bien o tú no les caes bien?.

¿Me amas en los que han caído en el vicio y en la degradación?.

¿Me amas en los que no son buena gente?.

En fin, ¿amas como yo amo?, ¿me amas como yo te amo?.

…Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo, pero sabes también lo pequeño de mi amor.

No te amo como los otros te aman, no he aprendido bien tu lección.

Perdona mi torpeza y mi ruindad. Amo, sí pero con medida, a cuenta gotas, como quien hace un favor.

No amo hasta hacerme pobre y vulnerable, mantengo mis defensas.

No amo a los que están lejos, a los que no piensan como yo.

No amo a los que no me aman, no soy capaz de perdonar.

No amo a los que están cerca, no aguanto sus rarezas, sus defectos, su manera de ser.

Reconozco, Señor, que no sé amar.

Enséñame, lava mis manchas egoístas quema mis duros apegos, derrama en mi corazón tu espíritu de amor para que yo pueda amar como tú nos has amado.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 71: “Que te adoren, Señor, todos los pueblos”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 9 al 16 de Enero:

Hermanos, desde el día en que Jesucristo entró en nuestra historia, comenzó para los hombres el tiempo favorable, el día de nuestra salvación: Oremos al Padre para que nuestra existencia sea transformada por sus intervenciones de amor y nuestra respuesta de hijos, diciendo:

SEÑOR, QUE NO SEAMOS SORDOS A TU VOZ.

Señor que nuestro corazón dócil para obedecer tu voluntad sea el mejor sacrificio de alabanza que te ofrezcamos.

SEÑOR, QUE NO SEAMOS SORDOS A TU VOZ.

Señor, te encomendamos a nuestros hermanos que prestan su servicio en los hospitales y casas de atención médica, para que sean como Jesús, llenos de compasión y de misericordia y pasen por entre quien sufre, haciendo el bien a sus hermanos.

SEÑOR, QUE NO SEAMOS SORDOS A TU VOZ.

Que nuestro trabajo, sostenido por nuestra oración, complete la obra de la creación, para alabanza y gloria del Padre que nos ama y nos salva.

SEÑOR, QUE NO SEAMOS SORDOS A TU VOZ.

Señor, no permitas que seamos seducidos por la mentira y la tentación de destruir tu imagen: el hombre.

SEÑOR, QUE NO SEAMOS SORDOS A TU VOZ.

Señor, cuántas cosas se esconden bajo la desesperación de nuestros lamentos cotidianos. Que al invocar tu ayuda vaya precedida de un profundo y sincero deseo, ante todo, de hacer tu voluntad.

SEÑOR, QUE NO SEAMOS SORDOS A TU VOZ.

Señor, que acudamos asiduamente a ti en la oración ante nuestros problemas de cada día, con la certeza de que, en tu omnipotencia, eres capaz de sacar vida de la muerte.

SEÑOR, QUE NO SEAMOS SORDOS A TU VOZ.

Se pueden agregar otras peticiones.

OREMOS: Señor, Dios nuestro, que te has revelado en Cristo, concede a tu Iglesia ser una comunidad de fe. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.