Sábado 5 de Enero de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

De la primera carta del apóstol san Juan: 3, 11-21.

Del santo Evangelio según san Juan: 1, 43-51.

Santoral: San Juan Nepomuceno Neumann, Obispo.

“Hijos míos no amemos de palabra y de boca sino de verdad y con obras”. 1 Juan 3:11-21.

Comienza un nuevo año. Lo pongo en tus Manos, Señor. Tú, Padre amoroso, que velas por mí y sabes lo que necesitaré en este año que inicia.

Me abandono a tu misericordia, a tu Providencia. Que sea lo que Tú dispongas, Señor.

Aumenta mi fe, que sea capaz de descubrir tu presencia a mi lado. No permitas que nada me separe de Ti.

Dame fortaleza y perseverancia en las pruebas y ayúdame cada día a recordar que nunca sucederá nada que Tú y yo juntos no podamos superar.

Líbrame de la indiferencia.

Hazme sensible a las necesidades de los demás y muéveme no sólo a orar, a interceder por ellos, sino a realizar acciones concretas en beneficio suyo.

Ayúdame a no ser avaro ni desperdiciado con mi tiempo, con mis dones.

Enséñame a darme a los demás, a comprender que sólo vale la pena lo que se hace por los demás.

Enséñame a salir de mí mismo para ir al encuentro de mis hermanos, sin prejuicios, ni pretexto.

Simplemente como Tú, con la mano extendida y el corazón abierto.

Pero líbrame de la vanidad, de creerme bueno, de sentirme satisfecho.

No dejes que me paralice la inercia, el orgullo, la complacencia.

No dejes de inquietarme, de ponerme en movimiento, de lanzarme contigo a construir tu reino de paz, amor y justicia.

Enséñame a mantenerme sencillo y alegre, a ser verdaderamente testigo tuyo en mi mundo.

Ayúdame a desprenderme de todo lo que me estorba para seguirte.

Líbrame de lo que me hace tropezar, de lo que me pesa; de mis rencores, mis egoísmos, mis orgullos, mis miserias, mis apegos.

Enséñame a ser paciente, comprensivo, dulce, a perdonar a los otros, a acogerlos en mi corazón. Enséñame a amar como amas Tú.

Quiero descubrirte en cada día de este año que empieza y ayudar a que otros te descubran también.

Señor, que cuando me busquen a mí, te encuentren siempre a Ti.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 99: “Alabemos a Dios, todos los hombres”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Enero:

Hermanos, la vida del hombre sobre la tierra transcurre en medio de alegrías y dolores, sonrisas y llanto. Pero nosotros estamos buscando una felicidad sin sombras, un amor sin desilusiones. Dirijamos nuestra oración al Padre de todos para pedirle su fortaleza y su bendición y digámosle:

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, socorre con tu fortaleza y tu paciencia nuestra fe que se ve envuelta en tantas situaciones difíciles que la vida nos va presentando, para que te obedezcamos confiados en tu asistencia divina.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que el testimonio de quienes han dado y dan la vida por ti diariamente, refuerce nuestra fe para que superemos con constancia y valentía las pruebas de la vida.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que nuestra fidelidad a ti no venga a menos por los sufrimientos que implica llevar tu Cruz, sino que sepamos ver siempre la luz de la Pascua.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, queremos llegar un día contigo. Que nuestras obras lo demuestren.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que nuestro amor fraterno ponga de manifiesto nuestra confianza en tu Providencia.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que tu Misericordia sea nuestra fuerza y tu gracia nuestra salvación. Entonces quedaremos deslumbrados ante lo que tu Espíritu puede hacer en nosotros. Entonces seremos hombres nuevos, discípulos de tu Hijo e hijos de tu ternura.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Se pueden agregar otras peticiones.

OREMOS: Señor Dios, que te sean agradables las oraciones que te dirige tu pueblo por intercesión de María, Madre de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.