Viernes 4 de Enero de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

De la primera carta del apóstol san Juan: 3, 7-10.

Del santo Evangelio según san Juan: 1, 35-42.

Santoral: San Rigoberto De Reims, Obispo.

“Todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano”.

1 Juan 3:10.

Empezamos un nuevo año y nos da vértigo ver las cimas (alturas) y las simas (abismos, profanidades), las luces y las tinieblas. Somos herederos de mucha historia a nivel familiar, cultural, social y religioso. Y asumimos nuestra herencia tanto para agradecer como para pedir perdón. Todo lo que tenemos y lo que somos, lo hemos recibido. Nos aprovechamos del enorme esfuerzo de quienes fueron nuestros maestros en todo esto.

Imposible valorar la cantidad de lucha y sacrificio, de fracasos y paciencia, de tanteo e ilusiones que ha supuesto esos logros humanos que luego nos compartieron. Es un reto y un compromiso hacer de este nuevo año más bello, más humano y más cristiano.

Tenemos que ir abriendo caminos por los desiertos de la violencia, de la injusticia y la falta de solidaridad, para que florezca una verdadera convivencia entre los hombres. Y Dios habitará en medio del pueblo unido.

La acción del Espíritu Santo no dejará de sorprendernos renovando carismas, con acontecimientos inesperados, personas geniales, instituciones providenciales. Es el Espíritu quien alentando muestra historia va marcando los signos de los tiempos. Porque “el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza” (Rm. 8:26).

El Señor nos bendice en este nuevo año para ir curando las heridas, iluminando las cegueras, superando los obstáculos para alcanzar la Paz.

Y su bendición nos proteja y nos capacite para crecer en la fe y en el amor.

“Él ha sido siempre nuestro refugio de generación en generación”. (Sal. 89:1).

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 97: “Toda la tierra ha visto al Salvador”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Enero:

Hermanos, la vida del hombre sobre la tierra transcurre en medio de alegrías y dolores, sonrisas y llanto. Pero nosotros estamos buscando una felicidad sin sombras, un amor sin desilusiones. Dirijamos nuestra oración al Padre de todos para pedirle su fortaleza y su bendición y digámosle:

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, socorre con tu fortaleza y tu paciencia nuestra fe que se ve envuelta en tantas situaciones difíciles que la vida nos va presentando, para que te obedezcamos confiados en tu asistencia divina.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que el testimonio de quienes han dado y dan la vida por ti diariamente, refuerce nuestra fe para que superemos con constancia y valentía las pruebas de la vida.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que nuestra fidelidad a ti no venga a menos por los sufrimientos que implica llevar tu Cruz, sino que sepamos ver siempre la luz de la Pascua.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, queremos llegar un día contigo. Que nuestras obras lo demuestren.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que nuestro amor fraterno ponga de manifiesto nuestra confianza en tu Providencia.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que tu Misericordia sea nuestra fuerza y tu gracia nuestra salvación. Entonces quedaremos deslumbrados ante lo que tu Espíritu puede hacer en nosotros. Entonces seremos hombres nuevos, discípulos de tu Hijo e hijos de tu ternura.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Se pueden agregar otras peticiones.

OREMOS: Señor Dios, que te sean agradables las oraciones que te dirige tu pueblo por intercesión de María, Madre de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.