Martes 1 de Enero de 2019

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del libro de los Números: 6, 22-27.

De la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas: 4, 4-7.

Del santo Evangelio según san Lucas: 2, 16-21.

Martes de la Octava de Navidad.

(Jornada de oración por la paz).

Santoral: SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS.

Señor Dios, que por la fecunda virginidad de María diste al género humano el don de la salvación eterna, concédenos sentir la intercesión de aquella por quien recibimos al autor de la vida, Jesucristo, Señor nuestro, Él, que vive y reina contigo…

“María conservaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”. Lucas 2:19.

Madre amable, fuerte y tierna, déjame estar a tu lado.

Quita de mis cansados hombros la pesada carga que la vida ha puesto sobre ellos: trabajo, preocupaciones, poder y lucha, y la incesante competitividad de sentirme a prueba cada minuto.

Ante ti, Madre mía, me encuentro totalmente seguro. No tengo nada que demostrar, nada que temer.

Tú eres el único amor que no necesito merecer, el único corazón que nunca renegará de mí.

Cuando me siento débil, Tú me das fuerza.

Cuando vacilo, afianzas mis pasos.

Si caigo, me levantas innumerables veces.

Cuánto más me desaliento, más te encuentro junto a mí.

En medio de la confusión, Tú eres mi puerto de salvación.

En la batalla de la vida, cuando me acerco a Ti, herido y asustado, siempre te encuentro esperándome.

Tú estás a mi lado en mi pecado y en mi vergüenza, contra mi pecado y mi maldad, pero nunca contra mí.

¿Cómo podré darte gracias por esta inexplicable ternura?. ¿Cómo podré pagarte tan tremenda deuda?.

Mientras me aprietas contra tu corazón, me susurras palabras que sólo una madre sabe decir: -Nada me debes, dices, nada me tienes que pagar, nada que borrar. Mi gozo es el tuyo-.

Esto es lo único que Tú deseas: mi completa felicidad, ahora y siempre.

Me siento sorprendido ante un amor como éste. Grande, mucho más grande de lo que podía imaginar. Mis palabras, Madre, se hunden en mi garganta. Me arrimo más a Ti, con lágrimas de alegría. Reclino mi cabeza en tu tierno corazón: un corazón que siempre será mi refugio.

Estas lágrimas, Madre, son mi mejor oración: lágrimas de gratitud, lágrimas de paz, lágrimas de profunda y completa curación.

Mantenme cerca de Ti hasta que me encuentre completamente curado; ayúdame a ser todo lo que quieres que sea.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 66: “Ten piedad de nosotros, Señor, y bendícenos”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Enero:

Hermanos, la vida del hombre sobre la tierra transcurre en medio de alegrías y dolores, sonrisas y llanto. Pero nosotros estamos buscando una felicidad sin sombras, un amor sin desilusiones. Dirijamos nuestra oración al Padre de todos para pedirle su fortaleza y su bendición y digámosle:

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, socorre con tu fortaleza y tu paciencia nuestra fe que se ve envuelta en tantas situaciones difíciles que la vida nos va presentando, para que te obedezcamos confiados en tu asistencia divina.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que el testimonio de quienes han dado y dan la vida por ti diariamente, refuerce nuestra fe para que superemos con constancia y valentía las pruebas de la vida.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que nuestra fidelidad a ti no venga a menos por los sufrimientos que implica llevar tu Cruz, sino que sepamos ver siempre la luz de la Pascua.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, queremos llegar un día contigo. Que nuestras obras lo demuestren.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que nuestro amor fraterno ponga de manifiesto nuestra confianza en tu Providencia.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Señor, que tu Misericordia sea nuestra fuerza y tu gracia nuestra salvación. Entonces quedaremos deslumbrados ante lo que tu Espíritu puede hacer en nosotros. Entonces seremos hombres nuevos, discípulos de tu Hijo e hijos de tu ternura.

SEÑOR, VUELVE TUS OJOS A NOSOTROS.

Se pueden agregar otras peticiones.

OREMOS: Señor Dios, que te sean agradables las oraciones que te dirige tu pueblo por intercesión de María, Madre de tu Hijo y Señor nuestro Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.