3
Sep

Lo que la fe ha traído

   Publicado por: Admin en 5 Minutos de Oracion en el Hogar

Lecturas para este día: Colosenses 1: 9-14. Lucas 5: 1-11.

La crisis de la fe ha traído consigo una manera diferente, no siempre más sana, de enfrentarse a la conciencia de pecado. De hecho, al prescindir de Dios, no pocos viven la culpa de modo más confuso y más solitario. Algunos han quedado estancados en la forma más primitiva y arcaica de vivir el pecado. Se sienten manchados por su maldad. Indignos de convivir junto a sus seres queridos. No conocen la experiencia de un Dios perdonador, pero tampoco han encontrado otro camino para liberarse de su malestar interior. Hay quienes siguen viviendo el pecado como transgresión. Es cierto que han borrado de su conciencia algunos ¨mandamientos¨, pero lo que no ha desaparecido en su interior es la imagen de un Dios legislador ante el que no saben bien cómo situarse. Sienten la culpa como una ruptura con la que no es fácil convivir. Bastantes viven el pecado como autoacusación. Al diluirse su fe en Dios, la culpa se va convirtiendo en ¨una acusación sin acusador¨. No hace falta que nadie los condene. Ellos mismos lo hacen. Pero, ¿ Cómo liberarse de esta autocondenación ?, ¿ Basta olvidar el pasado y tratar de eliminar la propia responsabilidad ? Se ha intentado también reducir el pecado a una vivencia psicológica más. Un bloqueo de la persona. El pecador sería una especie de ¨enfermo¨, víctima de su propia debilidad. Para el creyente, el pecado es una realidad. Inútil encubrirlo o ignorarlo. Aunque se sabe muy condicionado en su libertad, el cristiano se siente responsable de su vida ante sí mismo y ante Dios. Por eso confiesa humildemente su pecado y lo reconoce como una ofensa contra Dios. Pero contra un Dios que sólo busca la felicidad del ser humano. Nunca hemos de olvidar que el pecado sólo ofende a Dios en cuanto que nos daña a nosotros mismos, seres infinitamente queridos por él. Reconocer el pecado e invocar el perdón es, para el creyente, la forma más sana de renovarse y crecer como persona.

Reflexión y comentarios…

Lecturas para este día: Colosenses 1: 1-8. Lucas 4: 38-44.

En la Buena Nueva de Jesús, todo es ¨novedad¨. Todos los indigentes, enfermos, encuentran su puesto cerca de la Vida: Jesús.

Él los curaba uno por uno: Imponiendo sus manos a cada uno. Para él todos eran importantes, no había multitud, había personas. Jesús hace el bien. Él se inclinó a la cabecera (de la suegra de Pedro), increpó a la fiebre y se la pasó. Ella levantándose al momento se puso a servirles. Al ponerse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron y El, aplicándole las manos a cada uno, los iba curando… De muchos de ellos expulsó demonios…

Esa es una de tus ocupaciones esenciales, Señor. Tu evangelio está lleno de enfermos curados y de demonios expulsados. Has venido al mundo para sanar y salvar. Por tu sola presencia, el mal retrocede. En este sentido, las enfermedades son un símbolo expresivo: Las enfermedades son un ataque al hombre, lo disminuyen al quitarle sus capacidades de acción aparente, hacen daño… y con ello son como una imagen sensible y visible de ese otro mal más interior y menos controlable, que es el pecado. Y, para poner muy de manifiesto que éste es el mal mas grave para el hombre, ¨expulsas a los demonios¨.

Señor, ayúdame a participar en ese gran combate que es el tuyo. En lo profundo de mi vida, como en el mundo que me rodea, ¡Que sepa yo hacer retroceder el mal y progresar el bien! ¡Que, contigo y como Tú lo hiciste, trabaje para el desarrollo, la felicidad y la promoción de mis hermanos! ¿Qué curación, HOY, puedo yo contribuir a hacer avanzar en mí? ¿En mis hermanos? ¿En la sociedad?

Del Salmo 144: Confío siempre en el amor de Dios.

Lecturas para este día: 1 Tesalonicenses 4: 13-18. Lucas 4: 16-30.

¨A los que han muerto, Dios por medio de Jesús, los llevará con él¨. 1 Tesalonicenses 4: 13-18.

Los cristianos tenemos una experiencia de la muerte que, en cierto modo, no se diferencia de la de los demás: Nos da miedo pensar en la nuestra y nos llena de dolor la de los seres queridos. Pero tenemos un ¨plus¨ de luz que da a nuestra visión un color de esperanza; nuestra fe en Cristo Jesús y nuestra convicción de que, ya desde nuestro Bautismo, estamos vinculados a su mismo destino.

No podemos vivir en desesperanza. La muerte no es la última palabra. Dios nos tiene destinados a la vida.

Aunque no sepamos tampoco nosotros explicar el misterio de la muerte, ni logremos consolarnos ni consolar a otros por una muerte prematura o injusta, la fe cristiana enciende una luz de esperanza sobre este acontecimiento y nos dice que, sí morimos con Cristo, viviremos con él, y ¨estaremos siempre con el Señor¨.

Una nota de humor:
Piloto a la torre de control: Estoy a 600 kilómetros de tierra… a 200 metros sobre el agua… me estoy quedando sin combustible… por favor instrucciones. Torre de control a piloto… aquí torre de control a piloto… repita conmigo: ¨Padre nuestro que estas en el cielo…¨

Esta es nuestra torre de control dando instrucciones a tantos pilotos en peligro. Les invito a repetir conmigo: La vida es eterna. El amor de Dios no se agota nunca. La muerte es sólo un horizonte y hay vida más allá de este horizonte. Sí, Señor, tú eres mi final y mi nuevo y bendito principio.

Del Salmo 95: Cantemos al Señor con alegría.

Reflexión y comentarios…

Lecturas para este día: 1 Tesalonicenses 3: 7-13. Mateo 24: 42-51.

¨Que el Señor los haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos¨. 1 Tesalonicenses 3: 7-13.

Apóstol ora para que la fuerza transformadora progrese todavía más, y que ¨rebosen de amor¨ y que se ¨fortalezcan internamente¨, y si es el caso, vayan subsanando ¨las deficiencias en su fe¨. Como dice el salmo: ¨Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos¨.

Un muchacho entró en una tienda para hacer compras. Había salido de su lugar de trabajo, que era un taller de mecánica. Tenía, por tanto, poco aspecto de gente de bien: La ropa manchada de grasa, los cabellos en desorden, las manos sucias, etc. Había mucha gente en la tienda, pues era ya hora de cerrar. Los dependientes atareados atendían a unos y a otros con la mayor rapidez posible. ¿Qúe desea la señorita? Caballero, ¿Ya le atienden?. El muchacho se quedó esperando su turno al lado del mostrador. Pasaron cerca de diez minutos largos, y nadie venia a preguntarle lo que quería. Cansado de esperar, se retiró sin decir nada. Al día siguiente volvió. Pero ya no parecía el cliente de la víspera: La ropa limpia, los cabellos peinados, todo perfumeado. Apenas llegó al mostrador, vino una dependienta sonriente y solicita: ¨Joven, ¿Qué desea? . Él le preguntó en un tono bastante irónico si recordaba un cliente de tal y tal facha que ayer tarde había estado en la tienda. Y le contó la desagradable escena que había vivido… No amamos.

Del Salmo 89: Señor, llénanos de tu amor.

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26
Aug

Los caminos de Dios

   Publicado por: Admin en 5 Minutos de Oracion en el Hogar

Lecturas para este día: 1 Tesalonicenses 2: 9-13. Mateo 23: 27-32.

¨Trabajando día y noche, proclamamos entre ustedes el Evangelio de Dios¨. 1 Tesalonicenses 2: 9-13.

¡Qué corta es la distancia entre apretar el gatillo y una palabra amiga!. Eso es lo que sucedió en la historia de esta joven a quien vamos a llamar Clarice.

Había perdido a su padre y luego a su madre. Se quedó como perdida. No estaba acostumbrada a una vida sobria y sencilla, pues siempre había tenido todo lo que quería, de modo que se despertó y decidió suicidarse.

Pero tuvo una oportunidad que cambió el rumbo de los acontecimientos. Al pasar cerca de un garaje, vio a un hombre que acomodaba unos paquetes en un carro. Era el señor cura de la parroquia. Ella aprovechó para saludarlo y concertar una cita para conversar. Puede ser ahora mismo, le dijo el sacerdote. En una habitación cercana, ella expuso todo su drama y sus macabros planes. El sacerdote, que tenía una psicología muy práctica, solamente le respondió:

– Querida joven, solamente te pido una cosa. Antes de llevar a cabo tu plan, ven conmigo. Ayúdame a llevar unos paquetes a una pobre viuda que tiene un montón de hijos y está pasando necesidad. La joven aceptó la invitación y acompañó al sacerdote hasta la casa de la viuda, allá en un extremo de la ciudad. Se entretuvo con la familia, jugó con los niños, ayudó a limpiar la casa y luego volvió con el sacerdote. Cuando llegó a su casa, lo primero que hizo fue descargar y tirar bien lejos el revólver asesino…

Del Salmo 138: Condúcenos, Señor, por tu camino.

Reflexión y comentarios…

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