Domingo 9 de Diciembre de 2018

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del libro del profeta Baruc 5, 1-9.

De la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses: 1, 4-6. 8-11.

Del santo Evangelio según san Lucas: 3, 1-6.

Santoral: San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, seglar.

“Pueblo de Sión; mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El Señor hará oír la majestad de su voz, y os alegraréis de todo corazón”. Baruc 5:1.

Mira al Señor que viene…

Estamos en Adviento, en la espera. Y en este tiempo litúrgico la Iglesia propone a nuestra meditación la figura de Juan el Bautista. Éste es aquel de quien habló el profeta Isaías diciendo: Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Toda la esencia de la vida de Juan estuvo determinada por la misión, desde el mismo seno materno. Esta será su vocación, tendrá como fin preparar a Jesús un pueblo capaz de recibir el Reino de Dios y por otra parte, dar testimonio público de Él.

Juan no hará su labor buscando una realización personal, sino para preparar al Señor un pueblo perfecto. No lo hará por gusto, sino porque para eso fue concebido.

Así es todo apostolado: olvido de uno mismo y preocupación sincera por los demás. Juan realizará acabadamente su cometido, hasta dar la vida en el cumplimiento de su vocación. Muchos conocieron a Jesús gracias a la labor apostólica del Bautista.

Los primeros discípulos siguieron a Jesús por indicación expresa suya y otros muchos estuvieron preparados interiormente gracias a su predicación. La vocación abraza la vida entera y todo se pone en función de la misión divina.

De la respuesta que Juan dé más tarde, hace depender el Señor la conversión de muchos de los hijos de Israel. Cada hombre, en su sitio y en sus propias circunstancias, tiene una vocación dada por Dios; de su cumplimiento dependen otras muchas cosas queridas por la voluntad divina: “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere -no lo olvides- dependen muchas cosas grades”.

¿Acercarnos al Señor a quienes nos rodean?, ¿somos ejemplares en la realización de nuestro trabajo, en la familia, en nuestras relaciones sociales?.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 125: “Cosas Grandes has hecho por nosotros, Señor.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 9 al 16 Diciembre:

Padre Santo, hoy queremos confiarte nuestros deseos de gozo y de paz por el año que termina; bendícenos siempre y concédenos caminar todos los días por las sendas del amor y la fraternidad:

Quédate con nosotros Señor, y escúchanos.

Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que velen fielmente en todo tiempo y circunstancia por la unidad de los cristianos. Quédate con nosotros Señor, y escúchanos.

Quédate con nosotros Señor, y escúchanos.

Por todos aquellos que se sienten solos y vacíos en medio de las luces y alegrías de este último día del año, para que el Señor les conceda la gracia de la luz verdadera.

Quédate con nosotros Señor, y escúchanos.

Por los que se encuentran en una situación de conflicto familiar, de guerra y para que Dios nuestro Padre, les conceda la paz y la alegría de vivir.

Quédate con nosotros Señor, y escúchanos.

Por todas las familias que se desintegran a causa de herencias, odios y malos entendidos. Para que Dios, nuestro Padre, les ilumine su entendimiento y corazón y se reconcilien, reconociendo sus errores.

Quédate con nosotros Señor, y escúchanos.

Por los jóvenes para que, iluminados por la gracia de Dios, sepan unirse a la paz del mundo.

Quédate con nosotros Señor, y escúchanos.

Por todos nosotros, para que Dios nos perdone los pecados cometidos durante el año que está por terminar y nos conceda la gracia de ser mejores en adelante y por toda la vida.

Quédate con nosotros Señor, y escúchanos.

Padre Santo, tú eres el único que conoce nuestro inquieto corazón, nuestros temores y esperanzas, nuestras virtudes y pecados; concédenos lo que te hemos pedido y haz que seamos iluminados por tu verdad y fortalecidos con tu vida, para descubrir en lo efímero del tiempo en peso hondo y misterios de tu eternidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Sábado 8 de Diciembre de 2018

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del libro del Génesis: 3, 9-15. 20.

De la carta del apóstol san Pablo a los Efesios: 1, 3-6.11-12.

Del santo Evangelio según san Lucas: 1, 26-38.

Santoral: SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.

Dios nuestro, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen María preparaste una digna morada para tu Hijo y, en previsión de la muerte redentora de Cristo, la preservaste de toda mancha de pecado, concédenos que, por su intercesión, nosotros también, purificados de todas nuestras culpas, lleguemos hacia ti. Por nuestro Señor Jesucristo,…

“Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que has dicho”. San Lucas 1, 26-38.

Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novia que se adorna con sus joyas. Todo cuanto de hermoso y bello se puede decir de una criatura, se lo contamos hoy a Nuestra Madre del Cielo.

La Trinidad Santa, queriendo salvar a la humanidad, determinó la elección de María para Madre del Hijo de Dios hecho Hombre. Más aún; quiso Dios que María fuera unida con un solo vínculo indisoluble, no sólo al nacimiento humano y terrenal del Verbo, sino también a toda la obra de la Redención que Él llevaría a cabo.

En el plan salvífico de Dios, María está siempre unida a Jesús, perfecto Dios y Hombre perfecto, Mediador único y Redentor del género humano. Fue predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la Encarnación del Verbo, por disposición de la Divina Providencia. Por esta elección admirable y del todo singular, María, desde el primer instante de su ser natural, quedó asociada a su Hijo en la Redención de la humanidad.

María es la nueva Eva, de la que nacerá un nuevo linaje, que es la Iglesia. En razón de esta elección, la Virgen Santísima, recibió una plenitud de gracia mayor que la concedida a todos los ángeles y santos juntos, como correspondía a la Madre del Salvador.

María está en un lugar singular y único entre Dios y los hombres. Ella es la que en la Iglesia ocupa después de Cristo el lugar más alto y el más cercano a nosotros; es el ejemplar acabado de la Iglesia, modelo de todas las virtudes, a la que hemos de mirar para tratar de ser mejores.

Es tan grande su poder salvador y santificador que, por gracia de Cristo, cuanto más se difunde su devoción, más atrae a los creyentes hacia su Hijo y hacia el Padre.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 97: “Cantemos al Señor un canto nuevo, pues ha hecho maravillas”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Diciembre:

Hermanos y hermanas, al llegar a los últimos momentos de este año, dirijámonos a nuestro Padre Dios, diciendo: Escucha, Padre Santo, nuestra acción de gracias por todos los beneficios que nos has concedido. Te decimos de corazón:

Gracias, Padre.

Por habernos conservado la vida y la salud, por habernos librado de muchos males, por habernos mostrado constantemente tu amor de Padre, te decimos:

Gracias Padre.

Por los beneficios que has concedido a las personas que amamos y a los que nos ofrecen su amistad, te decimos:

Gracias, Padre.

En silencio agradezca a Dios por algún beneficio recibido de manera especial:

Te damos gracias Padre.

Por nuestros pecados, negligencias y omisiones, por todas las veces que nos hemos olvidado de ti:

Perdón, Señor.

Por las veces que tratamos mal a nuestros semejantes, especialmente a los que sufren pobreza, enfermedad, tristeza y abandono, te decimos:

Perdón, Señor.

Por los pecados de las personas de nuestra familia, por los pecados de todos los hombres, por los pecados que se están cometiendo en este momento, te decimos:

Perdón, Señor.

Gracias, Padre y Señor nuestro, porque eres bueno. Te pedimos que por tu infinita bondad y misericordia, por el inmenso amor que le tienes a tu Hijo Jesucristo y por el amor que nos tienes a nosotros nos concedan comenzar el año nuevo santamente, dispuestos a hacer tu voluntad, a cumplir nuestros deberes, a amar de corazón y de obra a nuestros hermanos, a tratarlos con amor, a aprovechar el tiempo que nos concedas en servirte mejor en nuestros hermanos.

Te lo pedimos por Cristo, tu Hijo y hermano nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Viernes 7 de Diciembre de 2018

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro….

Del libro del profeta Isaías: 29, 17-24.

Del santo Evangelio según san Mateo: 9, 27-31.

Santoral: San Ambrosio, Obispo y Doctor de la Iglesia.

Dios nuestro, tú que hiciste del obispo san Ambrosio un insigne maestro de la fe católica y un admirable ejemplo de fortaleza apostólica suscita en tu Iglesia pastores según tu corazón, la guíen con firmeza y sabiduría. Por nuestro Señor Jesucristo…

“En aquel día, los sordos oirán las palabras del libro, y desde las tinieblas y desde la oscuridad, verán los ojos del ciego. Y los mansos se alegrarán más y más en el Señor, y los pobres se regocijarán en el Santo de Israel”. Mateo 9:27-31.

La nueva era del Mesías es anunciada por los profetas llena de alegría y de prodigios. Una sola cosa pedirá el Redentor: Fe. Sin esta virtud, el Reino de Dios no llega a nosotros.

Dos ciegos siguen a Cristo pidiéndole a voces su curación: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David, le dicen. El Señor les pregunta: ¿Creéis que yo puedo hacer esto?. Cuando ellos le dijeron que sí, Él les despidió curados con estas palabras: Hágase en vosotros según vuestra fe.

A otro ciego, en Jericó, le devolvió igualmente la vista y le dijo: Anda, tu fe te ha salvado.

Al padre de una niña muerta le asegura: No temas, basta que creas y vivirá.

Los Apóstoles se manifiestan al Señor con toda sencillez. Conocen su fe insuficiente en muchos casos ante lo que ven y oyen, y un día le piden a Jesús: ¡Auméntanos la fe!. El Señor les responde: Si tuvieras fe como un grano de mostaza…

También nosotros nos encontramos como los Apóstoles; nos falta fe ante la carencia de medios, ante las dificultades en el apostolado, ante los acontecimientos, que nos cuesta interpretar desde un punto de vista sobrenatural.

Si vivimos con la mirada en Dios, no hemos de temer nada: “la fe, si es fuerte, defiende toda la casa”, defiende toda nuestra vida. Con ella podemos alcanzar frutos que están por encima de nuestras pocas fuerzas; no tendremos imposibles. Hay tantas cosas que remover… en el mundo y, primero, en nuestro corazón.

Imitemos a los Apóstoles y con ánimo humilde, porque conocemos nuestras pocas fuerzas y nuestras cobardías, pidamos al Señor que tenga piedad de nosotros.

“Señor, auméntanos la fe”, le decimos en nuestra oración.

¡Santa María, pídele a tu Hijo; que aumente nuestra fe flaca y débil en tantas ocasiones!.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 26: “El Señor es mi luz y mi salvación”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Diciembre:

Hermanos y hermanas, al llegar a los últimos momentos de este año, dirijámonos a nuestro Padre Dios, diciendo: Escucha, Padre Santo, nuestra acción de gracias por todos los beneficios que nos has concedido. Te decimos de corazón:

Gracias, Padre.

Por habernos conservado la vida y la salud, por habernos librado de muchos males, por habernos mostrado constantemente tu amor de Padre, te decimos:

Gracias Padre.

Por los beneficios que has concedido a las personas que amamos y a los que nos ofrecen su amistad, te decimos:

Gracias, Padre.

En silencio agradezca a Dios por algún beneficio recibido de manera especial:

Te damos gracias Padre.

Por nuestros pecados, negligencias y omisiones, por todas las veces que nos hemos olvidado de ti:

Perdón, Señor.

Por las veces que tratamos mal a nuestros semejantes, especialmente a los que sufren pobreza, enfermedad, tristeza y abandono, te decimos:

Perdón, Señor.

Por los pecados de las personas de nuestra familia, por los pecados de todos los hombres, por los pecados que se están cometiendo en este momento, te decimos:

Perdón, Señor.

Gracias, Padre y Señor nuestro, porque eres bueno. Te pedimos que por tu infinita bondad y misericordia, por el inmenso amor que le tienes a tu Hijo Jesucristo y por el amor que nos tienes a nosotros nos concedan comenzar el año nuevo santamente, dispuestos a hacer tu voluntad, a cumplir nuestros deberes, a amar de corazón y de obra a nuestros hermanos, a tratarlos con amor, a aprovechar el tiempo que nos concedas en servirte mejor en nuestros hermanos.

Te lo pedimos por Cristo, tu Hijo y hermano nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Jueves 6 de Diciembre de 2018

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del libro del profeta Isaías: 26, 1-6.

Del santo Evangelio según san Mateo: 7, 21. 24-27.

Santoral: San Nicolás de Bari, Obispo.

“Jesús dijo a sus discípulos: ‘No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!’, entrará en el reino de los cielos” . Mateo 7:21, 24-27.

La vida de una persona se puede edificar sobre muy diferentes cimientos: sobre roca, sobre barro, sobre humo, sobre aire… El cristiano sólo tiene un firme en el que apoyarse con seguridad: el Señor es la Roca permanente.

El Señor nos habla en el Evangelio de la Misa de dos casas. En una de ellas quizá se quiso ahorrar en la cimentación, quizá hubo prisa por terminarla, no se puso el debido cuidado. Al que edificó de esta manera el Señor le llama hombre loco.

Las dos casas quedaron terminadas y parecían iguales, pero tenían muy distinto fundamento; una de ellas estaba cimentada sobre piedra firme, la otra no. Pasó algún tiempo y llegaron las dificultades que pondrían a prueba la solidez de la edificación.

Un día hubo temporal: cayó la lluvia y los ríos salieron y soplaron los vientos contra aquella casa. Fue el momento en el que probaron su consistencia. Una se mantuvo firme en lo esencial; la otra se derrumbó estrepitosamente y el desastre fue completo.

Nuestra vida sólo puede estar edificada sobre Cristo mismo, nuestra única esperanza, nuestro único fundamento. Y esto quiere decir, en primer lugar, que procuramos identificar nuestra voluntad con la suya.

¡Qué alegría poder decir al final de nuestros días: he procurado siempre buscar y seguir la voluntad de Dios en todo!.

No nos alegrarán tanto los triunfos cosechados, ni nos importarán demasiado los fracasos y los sufrimientos padecidos.

Lo que no importará y mucho, es si hemos amado el querer de Dios sobre nuestra vida, que se manifestó unas veces de modo más general y otras de forma muy concreta.

Siempre con la suficiente claridad, si no cegamos la luz del alma, que es la conciencia.

El cumplimiento amoroso de la voluntad de Dios es a la vez, la cima de toda santidad.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 117: “¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor!”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Diciembre:

Hermanos y hermanas, al llegar a los últimos momentos de este año, dirijámonos a nuestro Padre Dios, diciendo: Escucha, Padre Santo, nuestra acción de gracias por todos los beneficios que nos has concedido. Te decimos de corazón:

Gracias, Padre.

Por habernos conservado la vida y la salud, por habernos librado de muchos males, por habernos mostrado constantemente tu amor de Padre, te decimos:

Gracias Padre.

Por los beneficios que has concedido a las personas que amamos y a los que nos ofrecen su amistad, te decimos:

Gracias, Padre.

En silencio agradezca a Dios por algún beneficio recibido de manera especial:

Te damos gracias Padre.

Por nuestros pecados, negligencias y omisiones, por todas las veces que nos hemos olvidado de ti:

Perdón, Señor.

Por las veces que tratamos mal a nuestros semejantes, especialmente a los que sufren pobreza, enfermedad, tristeza y abandono, te decimos:

Perdón, Señor.

Por los pecados de las personas de nuestra familia, por los pecados de todos los hombres, por los pecados que se están cometiendo en este momento, te decimos:

Perdón, Señor.

Gracias, Padre y Señor nuestro, porque eres bueno. Te pedimos que por tu infinita bondad y misericordia, por el inmenso amor que le tienes a tu Hijo Jesucristo y por el amor que nos tienes a nosotros nos concedan comenzar el año nuevo santamente, dispuestos a hacer tu voluntad, a cumplir nuestros deberes, a amar de corazón y de obra a nuestros hermanos, a tratarlos con amor, a aprovechar el tiempo que nos concedas en servirte mejor en nuestros hermanos.

Te lo pedimos por Cristo, tu Hijo y hermano nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Miércoles 5 de Diciembre de 2018

Si la oración se hace en la mañana:

Nos ponemos en tu presencia, Dios bondadoso y Padre Nuestro. Te agradecemos que nos hayas dejado empezar el presente día, pues despertamos, una vez más, al conocimiento de nuestra propia existencia… que tu amor nos concede y sostiene. El saber que existimos es el don más grande de tu bondad. ¿De qué nos serviría existir, ante tu presencia, si no estuviéramos conscientes de ello? Además, nuestra vida está profundamente unida a la tuya, por el gran amor del cual nos has hecho participar… de tu amor no podemos dudar. Es el nuestro hacia ti… el que falla con mucha frecuencia. Nos disponemos, ante la grandeza de tu majestad, a los 5 minutos de oración. Te pedimos que des fuerza a la debilidad de nuestra mente y enciendas el fuego de tu amor en nuestros corazones. Padre Nuestro…

Si la oración se hace en la tarde:

Estamos reunidos, Señor, para reconocer tu amor que nos sostiene en el don de la vida… y para reconocer tu bondad que nos colma de beneficios. En las horas que ya pasaron y disfrutamos, tuvimos la oportunidad de hacer sentir tu amor y tu bondad, a través de nuestra propia bondad, en todos aquellos que nos rodean, familiares y amigos y en nuestro mundo tan necesitado de ti y de tu amor. Este día fue un paso más hacia tu eternidad, a la que nos llamaste desde el día en que nos diste la existencia. Si lo aprovechamos, hemos guardado un tesoro. Si lo desperdiciamos… tenemos que redoblar nuestro amor en tu servicio. Que durante estos 5 minutos de oración podamos olvidarnos de los intereses humanos, para estar atentos a tu amor y a tu Palabra.

Guía nuestros corazones por el camino de tu voluntad.

Padre nuestro.

Del libro del profeta Isaías: 25, 6-10.

Del santo Evangelio según san Mateo: 15, 29-37.

Santoral: San Sabás, Abad.

“Todos comieron hasta saciarse y llenaron siete canastos con los pedazos que habían sobrado”. Mateo 15:29-37.

Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Me da lástima esta gente.

Esta es la razón que tantas veces mueve el corazón del Señor. Llevado por su misericordia hará a continuación el espléndido milagro de la multiplicación de los panes. La abundancia de bienes y la misericordia sin límites serían las señales de la llegada del Mesías.

Me da lástima esta gente. Este es el gran motivo para darse a los demás: Ser compasivos y tener misericordia.

Y para aprender a ser misericordiosos debemos fiarnos en Jesús, que viene a salvar lo que estaba perdido; no viene a terminar de romper la caña cascada ni a apagar del todo la mecha que aún humea, sino a cargar con nuestras miserias para salvarnos de ellas, a compadecerse de los que sufren y de los necesitados.

Cada página del Evangelio es muestra de la misericordia divina. Debemos meditar la vida de Jesús porque “Jesucristo resume y comprendía toda esta historia de la misericordia divina (…)”.

Nos ha quedado muy grabada también, entre muchas otras escenas del Evangelio, la clemencia con la mujer adúltera, la parábola del hijo pródigo, la de la oveja perdida, la del deudor perdonado, la resurrección del hijo de la viuda de Naim.

¡Jesús que se conmueve ante nuestro dolor!. La misericordia de Dios es la esencia de toda la historia de la salvación, el por qué de todos los hechos salvíficos.

Dios es misericordioso y ese divino atributo es como el motor que guía y mueve la historia de cada hombre. Cuando los Apóstoles quieren resumir la Revelación, aparece la misericordia como la esencia de un plan eterno y gratuito, generosamente preparado por Dios.

La misericordia es la actitud constante de Dios hacia el hombre. Y el recurso a ella es el remedio universal para todos nuestros males, también para aquellos que creíamos que ya no tenían remedio.

Sólo en eso, Señor. En tu misericordia se apoya toda mi esperanza. No en mis méritos, sino en tu Misericordia.

Reflexión en silencio y comentarios.

Del Salmo 22: “Habitaré en la Casa del Señor toda la vida”.

ORACIÓN FINAL COMUNITARIA: Del 1 al 8 de Diciembre:

Hermanos y hermanas, al llegar a los últimos momentos de este año, dirijámonos a nuestro Padre Dios, diciendo: Escucha, Padre Santo, nuestra acción de gracias por todos los beneficios que nos has concedido. Te decimos de corazón:

Gracias, Padre.

Por habernos conservado la vida y la salud, por habernos librado de muchos males, por habernos mostrado constantemente tu amor de Padre, te decimos:

Gracias Padre.

Por los beneficios que has concedido a las personas que amamos y a los que nos ofrecen su amistad, te decimos:

Gracias, Padre.

En silencio agradezca a Dios por algún beneficio recibido de manera especial:

Te damos gracias Padre.

Por nuestros pecados, negligencias y omisiones, por todas las veces que nos hemos olvidado de ti:

Perdón, Señor.

Por las veces que tratamos mal a nuestros semejantes, especialmente a los que sufren pobreza, enfermedad, tristeza y abandono, te decimos:

Perdón, Señor.

Por los pecados de las personas de nuestra familia, por los pecados de todos los hombres, por los pecados que se están cometiendo en este momento, te decimos:

Perdón, Señor.

Gracias, Padre y Señor nuestro, porque eres bueno. Te pedimos que por tu infinita bondad y misericordia, por el inmenso amor que le tienes a tu Hijo Jesucristo y por el amor que nos tienes a nosotros nos concedan comenzar el año nuevo santamente, dispuestos a hacer tu voluntad, a cumplir nuestros deberes, a amar de corazón y de obra a nuestros hermanos, a tratarlos con amor, a aprovechar el tiempo que nos concedas en servirte mejor en nuestros hermanos.

Te lo pedimos por Cristo, tu Hijo y hermano nuestro, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.