¨Obedezcan como quien sirve al Señor y no a los hombres¨. Efesios 6: 1-9.

Tanto en la vida familiar como en la vida social, lo importante es aprender a pensar en los demás, no sólo en los propios intereses. En este punto se están produciendo algunas transformaciones sociales que debemos discernir.

Muchos jóvenes dicen que no pueden hipotecar su vida por estar pendientes de sus padres, que tienen derecho a hacer su vida. Algunas mujeres dicen que ya está bien de vender su autonomía por cuidar de su marido y de sus hijos, que ha llegado la hora de la emancipación femenina. Algunos (quizá muchos) hombres dicen que la educación de los hijos es cosa de la madre, que bastante hacen ellos con llevar dinero a casa.

¿Quién no va a creer en la necesidad que todos tenemos de ser autónomos? ¿Quién no va a criticar la situación social en la que la mujer es la ¨esclava¨ del resto de la familia?

En estas cuestiones hay que ser tajantes. La Palabra de Dios no nos proporciona la receta para cada caso particular, pero sí un criterio que resiste todas las modas psicológicas y todos los cambios sociales: ¨Es más feliz (por lo tanto, más libre, más autónomo) quien se encuentra a sí mismo cuando busca la felicidad de los demás, no la suya propia¨.

¿Qué este criterio se puede manipular al servicio de intereses mezquinos? ¡Por supuesto! Pero es un criterio que vale su peso en oro. A partir de él tendríamos que enjuiciar la compleja vida familiar y social que nos ha tocado vivir.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 144: El Señor es fiel a sus palabras.

Lecturas para este día: Efesios 6: 1-9. Lucas 13: 22-30.

“Están edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular”. Efesios 2:19-22.

Como desconocemos sobre la vida y sobre la muerte de San Simón y San Judas Tadeo, hoy es un día bonito para reflexionar sobre lo que significa ser apóstoles. Porque, lo único que podemos decir de ellos, es que fueron Apóstoles. Pero, esto llena por completo esta celebración.

El Apocalipsis presenta a los Apóstoles como “puertas de entrada para la Ciudad Santa”. Apocalipsis 21:12-14.

San Pablo, en la lectura que escuchamos, presenta a los Apóstoles como “cimientos del edificio de Dios”. Carta a los Efesios 2:20. Y el Evangelio presenta a los Apóstoles como “nacidos de la oración de Jesucristo”. San Lucas 6:12-13. Además, se trata de doce tribus de Israel, el número propio de la familia de Dios en esta tierra. De aquí podemos deducir cuáles son las características de ser un verdadero Apóstol. Ha nacido del Corazón de Cristo. Es una expresión viva de la oración del Señor. Con su testimonio, con su palabra, con su forma de vida, es un cimiento para que otros se acerquen y pertenezcan también al edificio de Dios. Asimismo, es como una puerta de entrada que deja pasar la luz abundante del Cielo.

Que Dios, en este día de estos Santos Apóstoles, bendiga con su Espíritu Santo nuestra Iglesia entera, para que nosotros seamos expresiones de la oración de Cristo, cimiento en que otros puedan apoyarse y puertas que dejemos entrever la luz del Cielo.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 18: El mensaje del Señor resuena en toda la tierra.

Lecturas para este día: Efesios 2:19-22. Lucas 6:12-19.

“Vivan amando como Cristo”. Efesios 4:32. 5:1-8.

Este pasaje de San Pablo saca las consecuencias de las inmensas bendiciones que hemos venido escuchando desde el comienzo de esta Carta a los Efesios. Esencialmente se trata de un mensaje fuerte que invita a la santidad.

La llamada es clara: “Imitad a Dios”. El modo de argumentar es sencillo y elocuente: Dios te amó; ama tú también. Dios te perdonó; perdona tú también. Dios te iluminó; sé luz para los demás tú también.

En el fondo se trata de no detener el río de la bondad: El río llegó hasta ti; has bebido de sus aguas; ¡No lo detengas en ti!

Buen programa para nuestra jornada. Si lo tenemos en cuenta, seguro que mejorará la calidad de nuestra vida personal y el clima de la familia o de la comunidad. Ante todo, que seamos “buenos, comprensivos” y nos perdonemos unos a otros “como Dios nos ha perdonado”. El ejemplo más cercano lo tenemos en Cristo Jesús, que se ha entregado por todos: Así tenemos que actuar nosotros. Los cristianos, “pueblo santo”, debemos mostrar, con sencillez pero con valentía, que no queremos ser como la mayoría está abandonando valores fundamentales. Aunque la mayoría estadística sea egoísta, un cristiano no lo debe ser. Si la mayoría ha caído en el deterioro ético de las costumbres, un cristiano debe luchar contra corriente y saber defender la limpieza de corazón en medio de la permisividad reinante. A pesar de que sea general en este mundo, un cristiano evita la carrera por enriquecerse a toda costa.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 1: Dichoso el hombre que confía en el Señor.

Lecturas para este día: Efesios 4:32. 5:8. Lucas 13:10-17.

24
Oct

La unidad Eclesial

   Publicado por: Admin en 5 Minutos de Oracion en el Hogar

“Un solo cuerpo, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo”. Efesios 4:1-6.

Se ve que todos los argumentos en favor de la unidad, por profundos y teológicos que sean, si no existe la caridad y el amor en nuestras comunidades, no valen mucho en la práctica.

La tarea sigue siendo difícil también hoy, porque nuestras debilidades hacen que la Iglesia no esté tan radiante de fe y de amor como debería estar, y que no presente una imagen de unidad como la que Pablo quisiera.

Tenemos una lista estupenda de motivos por los que deberíamos estar unidos, pero no lo estamos del todo, ni con los otros cristianos ni entre nosotros mismos.

La unidad Eclesial no es una mera coexistencia pacífica y civilizada: Debe basarse en estas raíces de fe y concretarse en un ambiente de fraternidad y también de credibilidad apostólica.

En uno de los prefacios dominicales le damos gracias a Dios porque ha querido que su Iglesia esté “unificada por virtud y a imagen de la Trinidad” y que aparezca “ante el mundo como cuerpo de Cristo y templo del Espíritu”. Y como en la práctica no es así siempre, en otras Plegarias pedimos a Dios: “Danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana, inspíranos el gesto y la palabra oportuna frente al hermano solo y desamparado” (Plegaria V b), y también que “crezcamos en la fidelidad al Evangelio, que nos preocupemos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres”. (Plegaria V c)

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 22: El Señor es mi pastor, nada me faltará.

Lecturas para este día: Efesios 4:1-6. Juan 10:11-16.

“No he venido a traer la paz, sino la división”. Lucas 12: 49-53.

Hay una violencia que es provocada por las personas. Pero también hay una violencia que es fruto de la misma vida; y es absolutamente necesaria, porque sin ella la vida no tendría lugar. Desde el primer momento de la vida, cualquier vida, tiene algo de lucha. La vida sufre violencia para nacer. También para crecer, para madurar.

Todo cambio es doloroso porque supone romper con lo que era para empezar a ser de una forma nueva. Jesús era bien consciente de esta realidad. El cambio que su predicación y su presencia ofrecían a las gentes de su tiempo no se podía producir sin dolor, sin violencia. Suponía cambios grandes en la sociedad y en el interior de las personas. Muchos no estaban interesados en ese cambio.

Eso creó enfrentamiento en torno a Jesús. Eso ha creado problemas a cuantos se han tomado en serio el Evangelio a lo largo de poco más de dos mil años.

Hoy el Reino de Dios también sigue provocando violencia. El Reino supone cambios y conversión en nuestra vida personal y social. Son cambios que a muchos no nos gustan, aunque nos confesemos cristianos y frecuentemos las iglesias. Pero es el único camino para alcanzar la libertad y la vida que Jesús nos ofrece en el Reino del Padre.

Como dice Juan Pablo II en su encíclica Centesimus Annus, los cristianos no nos enfrentamos a nadie solo luchamos por la justicia. Lo que sucede es que, a veces, el conflicto es inevitable con los que se oponen a ella.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 22: Dichoso el pueblo escogido por Dios.

Lecturas para este día: Efesios 3: 14-21. Lucas 12: 49-53.

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