Lecturas para este día: Hechos 5: 34-42. Juan 6: 1-15.

“Jesús se fue al otro lado del lago de Galilea. Mucha gente lo seguía, porque habían visto las señales milagrosas que hacía sanando a los enfermos”. Juan 6: 1.

Si Jesús solamente se hubiera concretado a informarnos de las cosas de la vida eterna, en su predicación y en su llamado que hizo de a los humanos, durante los tres años que duró la proclamación del Reino, nadie o poquísimos se hubieran interesado en oírlo. Pues exigía una rectitud y santidad de vida, ¡Tan difíciles a la mente y sentimientos humanos!

Pero mucha gente lo seguía, porque además de la predicación de las cosas del ¨Reino¨, Jesús sorprendió con milagros jamás vistos en ningún otro profeta o enviado de Dios. Como los milagros beneficiaban principalmente a los enfermos, aun en los casos de las enfermedades más difíciles, muchísimos iban, o eran llevados con las esperanzas puestas en él. Otros que no estaban enfermos o poseídos del demonio, acudían, por la natural curiosidad, para ser testigos de lo extraordinario y de lo sobrenatural.

Pero los milagros de Jesús tenían una finalidad: Convencer a las multitudes de su autoridad y poder con los cuales Dios sostenía la veracidad de sus enseñanzas. Si yo no hago las obras que hace mi Padre no me crean. Pero si las hago, aunque no me crean a mí, crean en las obras que hago. Juan 10: 37.

Maestro, sabemos que Dios te ha enviado a enseñarnos, porque nadie podría hacerlos milagros que tú haces, si Dios no estuviera con Él. Juan 3: 2.

Hoy día son son poquísimos los que le ¨creen¨ a Jesús. Si creer es aceptar las enseñanzas y regir la vida por ellas. Pero muchísimos… siguen esperanzados en sus milagros.

Del Salmo 49: El Señor es mi luz y mi salvación.

Reflexión y comentarios…

16
Apr

El Padre ama al Hijo

   Publicado por: Admin en 5 Minutos de Oracion en el Hogar

Lecturas para este día: Hechos 5: 27-33. Juan 3: 31-36.

“El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; pero el que no quiere creer en el Hijo, no tendrá esa vida, sino que recibirá el terrible castigo de Dios. Juan 3: 36.

Jesús, el enviado del Padre desde la profundidad de la eternidad y de su naturaleza, nos pone en la alternativa de vivir la vida en los solos intereses humanos: El que es de la tierra es terrenal, y hablar (se interesa solamente) de las cosas de la tierra. Desconociendo y no interesándose de la información que Jesús, nos trajo de lo eterno. O, en la alternativa de las cosas eternas, para las cuales fue creada la criatura humana, que es tan diferente de las demás criaturas de la naturaleza: El que viene del cielo habla de lo que ha visto y oído; pero nadie cree lo que él dice. El que ha sido enviado por Dios habla las palabras de Dios. Jesús el Hijo y Enviado es amado con infinito amor al Padre, pero en él, el mismo Padre, ama a la criatura humana para conducirla hasta su amor eterno. El Padre ama al Hijo y le ha dado poder sobre todas las cosas.

El hombre difícilmente se convence de las cosas eternas. Porque prefiere disfrutar, hoy, sin límite ni medida, los bienes inmediatos que Dios puso a su alcance.

San Pablo dice: Los que viven conforme a la naturaleza del hombre pecador, sólo se preocupan por lo puramente humano; pero los que viven conforme al Espíritu, se preocupan por las cosas del Espíritu. Preocuparse por lo puramente humano lleva a la muerte; pero preocuparse por las cosas del Espíritu lleva a la vida y a la paz. Los que se preocupan de lo puramente humano son enemigos de Dios, porque ni quieren ni pueden someterse a su ley. Romanos 8: 5-7.

Del Salmo 49: Por tu bondad, Señor, socórreme.

Reflexión y comentarios…

Lecturas para este día: Hechos 5: 17-26. Juan 3: 16-21.

¨El que cree en el Hijo de Dios, no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios¨. Juan 3: 18-19.

Es muy fácil decir: ¨Yo creo¨… expresando con ello un sentimiento difuso de benevolencia hacia el Señor.

La verdadera fe transforma la existencia… le da una nueva dimensión a la vida, y nos proyecta a la plenitud de la existencia eterna. Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Y eso no es fácil realizar en la indolencia de una fe inactiva. El que vive la fe, actúa constantemente en el compromiso de alcanzar una relación viva y cordial con Jesús.

Los que no creen, ya han sido condenados, pues como hacían cosas malas, cuando la luz vino al mundo prefirieron la oscuridad a la luz. Todos los que hacen lo malo odian la luz, y no se acercan a ella para que no sé descubra lo que están haciendo.

Por la fe debemos dejar que Cristo nos transforme; es una transformación dolorosa que supone la vida nueva de rectitud y santidad. Vayan y, de pie, en el templo, cuenten al pueblo todo lo de esta vida nueva.  Hechos 5: 20.

La fe que decimos profesar, pero que no nos conduce a una transformación en mejor… no es la verdadera fe.

Una transformación en mejor… en nuestro amor al Señor.

Una transformación en mejor… en el amor y la comprensión de nuestros hermanos.

En última instancia, la verdadera fe, es el cumplimiento exquisito y delicado de los deseos de Jesús y de la voluntad de nuestro Padre Dios.

Del Salmo 33: Haz la prueba y verás que bueno es el Señor. Aleluya.

Reflexión y comentarios…

Lecturas para este día: Hechos 4: 32-37. Juan 3: 7-15.

¨No te extrañes de que te diga: Todos tienen que nacer de nuevo¨. Juan 3: 7.

Jesús nos propone el ¨bien¨ que nos trajo desde el Padre como ¨La Vida¨. Nos suena extraño, como a Nicodemo, que ya teniendo esta ¨vida¨ que juzgamos tan importante e insustituible… Jesús nos ofrezca ¨otra vida¨, una entidad nueva, que transforma y absorbe la actual que ya tenemos. Y eso es precisamente lo que nos ofrece. Eso es, en última instancia lo que hemos de desear y lograr, al profesarnos como cristianos.

Así es de profunda la retación entre Jesús y nosotros, entre Dios y nosotros. Sin embargo, nunca acabamos de ser y vivir como cristianos, porque nuestra relación con Dios la deseamos e intentamos de manera más superficial y menos comprometida.

Por ejemplo, cuando se busca la reconciliación o perdón de los pecados, se busca para un momento fugaz, no en la dimensión en una renovada relación con Dios, en su paz, en su amor, en su gracia. Se busca ese perdón sin la sinceridad de un cambio. Se busca como simple adorno, porque se hizo costumbre comulgar por razones sociales: La boda… los quince años… la graduación… u otro evento de dimensión humana.

Como si nosotros, no Dios, fuéramos a quienes nos toca establecer las condiciones de nuestra unión con él. ¿Acaso se realiza la transformación en Dios en en esos eventos de mera dimensión humana?

Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. Juan 10: 10.

El que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía, la salvará. Lucas 9: 24.

Del Salmo 92: El Señor es un rey magnífico. Aleluya.

Reflexión y comentarios…

Lecturas para este día: Hechos 4: 23-31. Juan 3: 1-8.

¨Te aseguro que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo preguntó: ¿Y cómo puede uno nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso podrá entrar otra vez dentro de su madre, para volver a nacer? Jesús le contestó: Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el reino de Dios¨. Juan 3: 3-5.

La Iglesia refiere estas palabras de Cristo al Bautismo, por el cual empezamos a participar de la vida de Dios.

Cuando nacimos, hacía nueve meses que Dios nos había dado la vida y la existencia como seres humanos, escondida en el seno de nuestra madre. Lo que sucedió al nacer fue que se nos dio en propiedad directa este maravilloso mundo, desde el amor de los que nos rodean, hasta el aire que respiramos. Cuando se nos bautizó se nos dio en propiedad ¨otro mundo¨, el del amor de Dios, que nos llega por la obra de Jesús en favor de nosotros. Amor que nos capacita para ¨poder ver el reino de Dios¨.

El Bautismo, lo hemos reducido a un rito meramente externo, rodeado de manifestaciones sociales externas no cristianas, que eclipsaron el sentido del Reino de Dios. Poco cuenta en el Bautismo el amor que Cristo nos pide, para mostrarle la adhesión sincera, por la cual algún día veremos el reino de Dios.

Los ritos externos a nadie salvan, si no representan y manifiestan aquello profundo e interno, en donde se realiza la unión de Dios con la criatura humana. Muchas veces el Bautismo nos resultó ser solamente el ¨trampolín¨, desde donde nos lanzamos a una fiesta totalmente humana, ajena a los intereses y al amor de Dios.

Del Salmo 2: Dichosos los que esperan en el Señor. Aleluya.

Reflexión y comentarios…

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