“¡Al que mucho se le da, se le exigirá mucho!”. Lucas 12: 39-48.

Muchos cristianos piensan que las exigencias del Evangelio únicamente van dirigidas a sacerdotes, religiosas, religiosos, pastores, a todos aquellos que se dedican al servicio de la Iglesia.

Sin embargo, el Evangelio nos advierte que las exigencias son iguales para todos los seguidores de Jesús.

La pregunta que Pedro le dirige a Jesús al terminar las enseñanzas dirigidas a los discípulos, pone en evidencia esta preocupación: ¨Este ejemplo, ¿Lo dijiste para nosotros nada más o para todos ? ¨. Jesús no le contesta con un simple sí o no, sino que le ofrece toda una veta de reflexión a partir de una comparación que está centrada en el tema del trabajo continuo: ¨Feliz el servidor al que el Señor encuentre bien ocupado¨.

Y la ocupación no consiste en aprovecharse del descuido del patrón para molestar a los demás empleados o para apropiarse de los bienes que pertenecen a todos. El trabajo consiste en realizar la misión que el Señor nos ha encomendado: Anunciar la Buena Nueva a los pobres, liberar a los cautivos, dar vista a los ciegos ( Lucas 4: 16 ).

A los cristianos se nos ha confiado mucho: Una misión que consiste en crear comunidades de vida donde los seres humanos se realicen a plenitud. Y también nos exige mucho: El cristianismo no se puede hacer de la vida gorda ni hacerse partidiario del cinismo imperante. Debe denunciar todo lo que se opone al proyecto salvífico y luchar para crear las condiciones en que la vida humana se viva a plenitud.

Reflexión y comentarios…

De Isaías 12: El Señor es mi Dios y salvador.

Lecturas para este día: Efesios 3: 2-12. Lucas 12: 39-48.

¨Cristo es nuestra paz; él hizo de los judíos y de los no judíos un solo pueblo¨. Efesios 2: 12-22.

En un contexto mundial, de guerras, violencia, competencias desleales, ¿Cómo dar fuerza profética a las palabras: ¨Cristo es nuestra paz¨?

La carta a los efesios nos ofrece claves profundas desde la fe. Los que estamos lejos podemos estar cerca, no por nuestros esfuerzos diplomáticos o por la fuerza de las armas, sino ¨por la sangre de Cristo¨.

El odio que alimenta la violencia no se supera con tratados internacionales. El odio sólo lo vence Cristo ¨con su cuerpo¨. Entregando su vida en la cruz, Cristo ha dado muerte al odio. Y nos ha regalado el don de la verdadera paz. Él ha pronunciado con su muerte Shalom para todo el mundo. Esto significa que la lucha por la paz (que es un anhelo universal) sólo es eficaz cuando consiste en morir a uno mismo para que los otros vivan.

¿Puede construir una paz fructífera y duradera quien, con apariencia de buenas intenciones, piensa sólo en sus intereses? ¿Qué paz cabe esperar de quienes en lugar de servir a sus hermanos, se sirven de ellos, despojándolos de sus necesidades y derechos elementales humanos para sus propios intereses?  ¿Qué paz cabe esperar de algunos movimientos pacifistas que se sirven de la buena prensa de la paz para trasladar a la sociedad sus propias frustraciones? ¿Qué paz cabe esperar de nosotros cuando nos desahogamos de mil maneras, pero no aceptamos pagar el precio de la muerte diaria para que los otros vivan?

Puede ayudarnos la célebre oración: ¨Haz de mí un instrumento de tu paz¨.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 84: Dale, Señor, la paz a tu pueblo.

Lecturas para este día: Efesios 2: 12-22. Lucas 12: 35-38.

¨Lo que has acumulado, ¿De quién será? ¨. Lucas 12: 13-21.

El rico del Evangelio de hoy hablaba demasiado. Pero ese no es el problema; el problema es que hablaba demasiado solo. Tenía ojos para su cosecha, oídos para sus anhelos y vientre para su prosperidad. Vivía y giraba en torno a sí mismo. Eso lo mareó. Se emborrachó y perdió la perspectiva.

Dios le interrumpió esa conversación en solitario. Dios se entrometió y abrió un diálogo, cortando el monólogo que este ¨pobre rico¨ llevaba antes.

La primera palabra, con la que Dios irrumpe, es dura: ¨ ¡Insensato! ¨. Es dura, pero es cierta, porque es insensatez construirse el ser humano desde sí y para sí, sin ojos para el cielo ni para el pobre.

Y nuestro mundo en muchos aspectos sigue repitiendo la parábola de hoy. Pueblos, familias o individuos siguen hablando sólo consigo mismos, y siguen o seguimos ciegos al cielo y sordos al clamor del pobre.

También a nosotros Dios nos reprocha por insensatos. Pero la parábola no está ahí para regañarnos solamente. Está para salvarnos. Dios denuncia nuestra insensatez para llamarnos a su sabiduría. Nos hace ver que no vemos, para que empecemos a ver. Nos corrige para salvarnos y nos llama a juicio ahora para no juzgarnos al final de los tiempos.

La ruina del buen hombre nos puede pasar a nosotros: ¨Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios¨. Su pecado no era ser rico, ni preocuparse de su futuro. Sino olvidar a Dios y cerrarse a los demás.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 99: El Señor es nuestro dueño.

Lecturas para este día: Efesios 2: 1-10. Lucas 12: 13-21.

16
Oct

Seamos buenos guías

   Publicado por: Admin en 5 Minutos de Oracion en el Hogar

¨ ¡Ay de ustedes maestros de la Ley, que se han quedado con la llave del saber; ustedes, que no han entrado y han cerrado el paso a los que intentaban entrar! ¨. Lucas 11: 47-54.

Es valiente Jesús, al desenmascarar las actitudes de las clases dirigentes de su época. Pero sus palabras nos ponen interrogantes también a nosotros, seamos dirigentes o no. Esto puede pasar en la sociedad, en la que pueden estorbar a los poderosos las voces proféticas que se levantan contra sus injusticias. Puede pasar en la Iglesia, en la que a veces se hace callar a los que tienen espíritu más libre y crítico, aunque más tarde a veces se les rehabilite o incluso se les canonice. Pero puede pasar también a nuestro alrededor, cuando nos sentimos molestos cuando somos criticados, y hacemos lo posible por desacreditar – ¡No llegaremos a eliminar! – A esos ¨profetas¨ que se abreven a llevarnos la contra.

A todos nos pasa que nos estorban los profetas vivos, no los muertos. Además podemos merecer también las palabras de Jesús a los juristas. ¿Nos sentimos ¨propietarios de la verdad¨, guardando sus llaves, de modo que los demás tengan que pasar la aduana de nuestra interpretación? ¿Nos creemos los únicos que tenemos razón en todas las discusiones, sean importantes en el ámbito eclesial o más cotidianas en nuestra familia o círculo comunitario?

Sería una lástima que los que podemos decir una palabra en el ámbito de la catequesis o de la predicación no comuniquemos esperanza y alegría, sino angustia y miedo. Seríamos malos guías.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 97: El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad.

Lecturas para este día: Efesios 1: 1-10. Lucas 11: 47-54

“Jesús dijo a los fariseos: ¨¡ Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios!¨. Lucas 11: 42-46.

Cuenta J.L. Martin Descalzo que un amigo hacia meses que tenía una tremenda enfermedad en los ojos, la cual amenazaba con dejarlo totalmente ciego. Mientras tanto, su madre no dejaba de rezar.

¨No sé para qué rezas – le dijo él – sabes que las posibilidades de recuperación de mi vista son mínimas¨ y le llegó, conmovida, la voz de su madre: ¨Hijo, es que no rezo sólo para que veas mejor, sino que rezo para que veas más hondo¨.

Ojalá que también nosotros aprendamos a ver más al fondo, porque la cultura de la imagen que se representa en la televisión nos pone de cara frente a un fenómeno que se llama ¨zapping¨, que revela esta cultura de querer curiosear más que ir al fondo de las cuestiones. Lo difícil es aceptar que son los grandes golpes de la vida los que nos hacen ver cosas elementales. La cultura en la que vivimos tiene el grave riesgo de perder el valor de lo cotidiano porque lo importante pasa por el éxito. El pulso de lo cotidiano, la conversación con el amigo, la posibilidad de mirar a fondo, todo esto está en las cosas cotidianas. Hay una expresión bíblica que puede ayudarnos en este sentido, cuando se nos dice que hoy es el día que hizo el Señor, que no hay otra jornada más que esta. Diria Ignacio de Loyola: ¨Lo de ayer ya pasó y mañana todavía no llegó, hoy es la oportunidad¨. No descuides lo esencial de cada día.

Reflexión y comentarios…

Del Salmo 1: Dichoso quien confía en el Señor.

Lecturas para este día: Gálatas 5: 18-25. Lucas 11: 42-46.

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