Lecturas para este día: Ezequiel 18: 21-28. Mateo 5: 20-26.

¨Vete primero a reconciliarte con tu hermano¨. Mateo 5: 20-26.

Matilde, reina de Alemania, está ante el rey Oto, su hijo, con sencillez, cubierta con el velo de viuda, pide al rey que perdone el crimen de Enrique, su hijo, está preso por haber organizado una rebelión contra el rey. Este crimen traía consigo la muerte.

La respuesta fue dura: –

Madre mía, no puedo conceder lo que pides. Eso sería contra mi autoridad, debilitaría el régimen. Ya lo he perdonado dos veces. Es suficiente.

Noche de Navidad; misa solemne y festiva, con la presencia del rey. ¨Señor, ten piedad de nosotros¨, cantan las voces del coro. En ese momento, entra un hombre con traje de prisionero, acompañado por una mujer de rostro pálido que se arrodilla ante el rey. Asombro entre todos los que están en la iglesia. Ella pide:
– Rey Oto, tu hermano Enrique, que pecó contra el cielo y contra ti, pide perdón por el amor del Hijo de Dios, recién nacido. Enfurecido con esta escena fuera de programa, responde el rey: Ya te perdone dos veces. Basta. Dentro de tres días tu cabeza rodará por el suelo. Se escucha una voz en medio del pueblo: ¡Piedad, rey! ¡Piedad, por amor de Dios! ¿Seria acaso la voz de su madre?. Enseguida decenas de voces repitieron lo mismo. Silencio profundo en la asamblea religiosa. Parecía que el mismo cielo aguardaba la respuesta. El rey se inclinó. Después, levantando a su hermano del suelo, le dio el beso de la paz y de la reconciliación.

Del Salmo 129: Perdónanos, Señor, viviremos.

Reflexión y comentarios…

Lecturas para este día: Esther 4: 17. Mateo 7: 7-12.

¨No tengo otro auxilio fuera de ti, Señor¨. Esther 4: 17

Vicente vivía preocupado con estos y otros pensamientos: Sí me muero,
¿Que sera de mi esposa y mis hijos? ¿Quién va a cuidar de ellos?
Un día salíó tempranito para el campo, siempre concentrado en sus pensamientos. De repente oyó en lo alto de un árbol un fuerte piar de pajaritos. Casi en la misma rama, había dos nidos con crías de tordo. Ya había caminado un poco, con su azada al hombro, cuando vio un gavilán que cazaba un pajarito. Era precisamente el tordo que traía alimento a sus crías. Enojado, trato de alcanzar al gavilán a pedradas, pero el tordo ya estaba fuertemente apresado por las garras del gavilán. Cuando, al día siguiente, volvió a su trabajo. Vicente se fue directamente hacia aquel árbol para visitar a las crías huérfanas. Estaba seguro de que iba a encontrar muertas de hambre a las crías de la madre capturada. Pero las encontró gorjeando, llenas de vida. ¿Cómo era posible? Y se quedó allí para descubrir el secreto. Al poco rato vio llegar a la madre del nido vecino, que repartió lo que había traído a las crías de los dos nidos.

– Señor y Padre mío, exclamó Vicente, quitándose el sombrero y arrodillándose en el duro suelo. Me había olvidado de que existe una Providencia divina, pensaba que solamente yo podía mantener a mi familia. Ahora veo que eres tú, Padre mío, el único y seguro sustento de mis hijos.

Del Salmo 137: De todo corazón te damos gracias, Señor.

Reflexión y comentarios…

Lecturas para este día: Jonás 3: 1-10. Lucas 11: 29-39.

¨Los ninivitas se convirtieron de su mala vida¨. Jonás 3: 1-10.

Hoy hace una semana que iniciamos la Cuaresma con el rito de la ceniza.

¿Hemos entrado en serio en este camino de preparación a la Pascua?

¿Está cambiando algo en nuestras vidas?

Conversión significa cambio de mentalidad (¨metánoia¨). ¿Estamos realizando en esta Cuaresma aquellos cambios que más necesita cada uno de nosotros?…

Cuando viajaba por un desierto de occidente, se encontró con una partida de guerreros indios que venían de una de sus excursiones de sangre y fuego. Uno de estos guerreros, de aspecto feroz, llevaba una niña de cinco años de edad a quien habían tomado cautiva.
– ¿ Dónde están los padres de la niña ?
– Preguntó el doctor Cornelio.
– Aquí están – replicó el salvaje guerrero, señalando cuero cabelludo de un hombre y una mujer, mientras que blandía con la otra su cimitarra en toda la exaltación de su ira satisfecha.

Sin embargo, este mismo guerrero vino a ser, algún tiempo después, un discípulo de Jesucristo; un hombre humilde de piedad y de oración. Su esposa vino a ser miembro de la misma iglesia que él, y sus oraciones unidas ascendían cada mañana y cada tarde de este hogar cristiano. Sus hijas eran simpáticas humildes y devotas discípulas del redentor, educados bajo la influencia y las oraciones de un padre y una madre, para la sociedad de los ángeles y de los santos.

Del Salmo 50: Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias.

Reflexión y comentarios…

Lecturas para este día: Isaías 55: 10-11. Mateo 6: 7-15.

¨Ustedes recen así¨. Mateo 6: 7-15.

Doble programa para la Cuaresma, imitando a Cristo en los cuarenta días del desierto: Escuchar más la palabra que Dios nos dirige y elevarle nosotros con más sentido filial nuestra palabra de oración. Para que nuestra oración supere la rutina y el verbalismo, y sea en verdad un encuentro sencillo pero profundo con ese Dios que siempre está cercano, que es Padre, que siempre quiere nuestro bien y está dispuesto a darnos su Espíritu, el resumen de todos los bienes que podemos desear y pedir.

También nosotros podemos decir, como Jesús en la resurrección de Lázaro: ¨Padre, yo sé que siempre me escuchas¨…

Dos misioneros viajaban a África en barco. Uno de ellos ya había hecho este viaje más de una vez. Era una persona mayor, llena de experiencia. El otro viajaba en barco por primera vez y para él todo era novedad. Un día el misionero joven oyó a los marineros decir picardías y groserías. Todo asustado, avisó a su compañero:
– Creo que corremos peligro. Debe haber alguna anormalidad en nuestro barco.
– ¿ Cuál es el motivo de esa preocupación, de esa inquietud ? – Preguntó el misionero más viejo:
– ¿ No ha oído a los marineros maldiciendo y vociferando ?. Tranquilizando a su colega, respondió el misionero que tenía experiencia:
– No se impresione. Mientras estén hablando mal, no hay peligro ninguno. Si empiezan a rezar, entonces si puede estar pasando algo más serio.

Del Salmo 33: El Señor libra de sus angustias a los justos.

Reflexión y comentarios…

Lecturas para este día: Levítico 19: 1-2. 11-18. Mateo 25: 31-46.

¨Cada vez que lo hicieron con uno de éstos, más pequeños de mis hermanos, conmigo lo hicieron¨. Mateo 25: 31-46.

La comunidad está reunida en la capilla para la misa del domingo. Esto sucede en un poblado rural, en un día muy frío. En el momento del ofertorio, un hombre pide la palabra y dice:

– Hace unos cuantos minutos, cuando venía hacia la capilla, vi una familia a la interpiere a la orilla del camino. Fue allí, debajo de un árbol. Supongo que también ustedes los vieron, por lo menos los que vienen de aquel lado. La familia debe haber pasado la noche al sereno, tal vez con hambre y frío. Creo que no está bien que estemos aquí rezando muy bonito, mientras que cerca de nosotros hay hermanos nuestros pasando dificultades. Propongo lo siguiente: Interrumpir la misa y socorrer a aquella familia. ¿Qué le parece, padre? ¿Y a ustedes?.

Todos estuvieron de acuerdo. Pusieron los libros y folletos sobre los bancos y fueron a enterarse de la situación. Todos se apresuraron a ayudar en lo que pudieron: Abrigos, comida, ropas, etc. Unas horas después se reunieron de nuevo en la capilla para continuar la misa. Junto con ellos estaba también la familia que habían socorrido. Aquel gesto de caridad, en opinión de todos, fue parte de la propia misa.

La misa no fue interrumpida, sino enriquecida con un ofertorio vivo y real. Prolonguemos nuestra Eucaristía viviendo con los hermanos lo que en Ella celebramos.

Del Salmo 102: Tus palabras, Señor, con espíritu y vida.

Reflexión y comentarios…

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